lunes 2 de julio de 2007

Oporto

COMO DOS ESTRELLAS DOS SOLEDADES QUE EN EL COSMOS GIRAN CADA UNA EN VIRTUD DE LA FUERZA GAVITATORIA DE LA OTRA

En Oporto
existe un promontorio desde el cual mirar el mundo
pues la belleza pide
nuestra comparecencia.
Sí, hay un lugar
parecido al instante en el que dije a la poesía me casaré contigo.
Y un día renové el ámbito de mi percepción allí, entre la vida
más allá del distrito de las casas nuevas,
las tiendas de pianos relucientes, los cafés, las bodegas
y aquel puente nervioso y exacto de Gustave Eiffel.
Por los siglos de los siglos y los sueños
me casaré contigo, sí,
palabra ingrávida, mujer morena, eco
de toda dignidad restablecida.
Contigo en la salud, la enfermedad, el beso obrero
anexo al vino dulce. Cuidad mirando al río.
Desde el andén fluvial me embargó la tristeza de mi primer poema
en Oporto.
Un nudo de autopista
en el cuello
y tanta luz sutil.
Extiende la mirada sobre el lecho nupcial del horizonte amante.
Contigo, corazón
de manzana. Palabra densa. Oh, intercambiemos
huellas dactilares en la hoguera de la noche de nuestro desposorio.
Oporto. Luz de Elena: la radiografía
del alba,
partituras de fados dentro de la maleta
y el viento
lento. El viento.
El primer beso en el centro de la mujer de nadie.
Este poema
escrito con letra de borracho en el reverso de un mapa
para saber de dónde vengo
además
de saber ir.
Al infinito
nos llevan de la mano la mirada, la ciudad, y este poema
con
el que nos atrevemos a casarnos mediante ese sagrado para siempre de la página
/impresa…


Por el poder que me confiere la naturaleza
yo os declaro unidos como dos siameses
con las almas pegadas.

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domingo 22 de octubre de 2006

Aveiro (Portugal)

LA SERENIDAD SE VUELVE SUSTANCIA QUÍMICA O TAL VEZ SUSTANCIA LÍRICA EN CIERTOS ENCLAVES DEFINITORIOS BENDECIDOS POR EL MAR

Sonidos llenos de connotaciones
en calles que parecen escenarios
y el cielo azul turquesa como una indagación de la naturaleza
al salir de esta blanca estación de tren que recuerda a la residencia del
/gobernador del limbo
siempre llena de invitados.
Hay paz. La pureza intrínseca del sonido del agua
y los viandantes no neutros
en esta ciudad tan geométrica que, en apariencia,
no produce
desarraigados.
¡Qué sensación de mundo recién construido!
Aperturas.
Veo nubes como tatuajes
llenando de matices el cielo
mientras la refinada modernidad de este lugar expuesto
alienta
mi despreocupación.
Intuitivamente dirige sus pasos el peregrino al acecho.
Oh, la oscuridad de una pequeña ermita
es la de todos esos poemas visionarios y emocionantes que no entiendo.
Calles como momentos
en los que parece que no pasa nada memorable
y pasear con Eugenio de Andrade en los departamentos de mi ánimo.
El camuflaje de lo extraordinario en los detalles.
Barcos limpios como concubinas
y botes sucios como putas.
Cierta consulta de psicoanalista con las puertas abiertas
en cuyo recibidor se ve desde la calle una silla de barbero
y canales de agua que parecen
el circuito cerrado de los conflictos interiores en el alma azulejada de Aveiro:
/la Venecia de Portugal.

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