domingo 13 de abril de 2008

ROJO

A Eduardo, Marta y Edu.

Sonidos llenos de connotaciones
en calles que parecen escenarios
y el cielo azul turquesa como una indagación de la naturaleza
al salir de esta blanca estación de tren que recuerda a la residencia
/del gobernador del cielo
siempre llena de invitados.
Hay paz. La pureza intrínseca del sonido del agua
y los viandantes excéntricos
en esta ciudad tan geométrica que, en apariencia,
no produce
desarraigados.
¡Qué sensación de mundo recién construido!
Aperturas.
Veo nubes como tatuajes
llenando de matices el firmamento
mientras la refinada modernidad de este lugar
/mundano como todo lo exacto
alienta
mi despreocupación.

Intuitivamente dirigimos los pasos hacia nuestras preguntas
al ritmo de ese acordeonista callejero que intensifica fados.

Oh, la oscuridad de una pequeña ermita
es la de todos los poemas que expanden el entendimiento.
Calles como momentos
en los que parece que no pasa nada memorable
-mientras el idioma ponderado de la serenidad dice lo justo-
y pasear llevando a Miguel Torga en los comunicados compartimentos del ánimo.
El camuflaje de lo extraordinario en los detalles.
Barcos limpios como concubinas
y botes sucios como putas.
Cierta consulta de psicoanalista con las puertas abiertas
en cuyo recibidor se ve desde la calle una silla de barbero
y canales de agua que parecen
el circuito cerrado de los conflictos interiores
en el alma azulejada de Aveiro, la Venecia de Portugal.

Luego
nuestras almas se enhebran a la hora del regreso.

La armadura oxidada de un héroe parece el mar
mientras el sol vencido quiere morir matando…

Eso es la amistad:
una gota de sangre,
todo el atardecer
o un Citroën también rojo igual que amar la vida.

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