Oporto
COMO DOS ESTRELLAS DOS SOLEDADES QUE EN EL COSMOS GIRAN CADA UNA EN VIRTUD DE LA FUERZA GAVITATORIA DE LA OTRA
En Oporto
existe un promontorio desde el cual mirar el mundo
pues la belleza pide
nuestra comparecencia.
Sí, hay un lugar
parecido al instante en el que dije a la poesía me casaré contigo.
Y un día renové el ámbito de mi percepción allí, entre la vida
más allá del distrito de las casas nuevas,
las tiendas de pianos relucientes, los cafés, las bodegas
y aquel puente nervioso y exacto de Gustave Eiffel.
Por los siglos de los siglos y los sueños
me casaré contigo, sí,
palabra ingrávida, mujer morena, eco
de toda dignidad restablecida.
Contigo en la salud, la enfermedad, el beso obrero
anexo al vino dulce. Cuidad mirando al río.
Desde el andén fluvial me embargó la tristeza de mi primer poema
en Oporto.
Un nudo de autopista
en el cuello
y tanta luz sutil.
Extiende la mirada sobre el lecho nupcial del horizonte amante.
Contigo, corazón
de manzana. Palabra densa. Oh, intercambiemos
huellas dactilares en la hoguera de la noche de nuestro desposorio.
Oporto. Luz de Elena: la radiografía
del alba,
partituras de fados dentro de la maleta
y el viento
lento. El viento.
El primer beso en el centro de la mujer de nadie.
Este poema
escrito con letra de borracho en el reverso de un mapa
para saber de dónde vengo
además
de saber ir.
Al infinito
nos llevan de la mano la mirada, la ciudad, y este poema
con
el que nos atrevemos a casarnos mediante ese sagrado para siempre de la página
/impresa…
Por el poder que me confiere la naturaleza
yo os declaro unidos como dos siameses
con las almas pegadas.
En Oporto
existe un promontorio desde el cual mirar el mundo
pues la belleza pide
nuestra comparecencia.
Sí, hay un lugar
parecido al instante en el que dije a la poesía me casaré contigo.
Y un día renové el ámbito de mi percepción allí, entre la vida
más allá del distrito de las casas nuevas,
las tiendas de pianos relucientes, los cafés, las bodegas
y aquel puente nervioso y exacto de Gustave Eiffel.
Por los siglos de los siglos y los sueños
me casaré contigo, sí,
palabra ingrávida, mujer morena, eco
de toda dignidad restablecida.
Contigo en la salud, la enfermedad, el beso obrero
anexo al vino dulce. Cuidad mirando al río.
Desde el andén fluvial me embargó la tristeza de mi primer poema
en Oporto.
Un nudo de autopista
en el cuello
y tanta luz sutil.
Extiende la mirada sobre el lecho nupcial del horizonte amante.
Contigo, corazón
de manzana. Palabra densa. Oh, intercambiemos
huellas dactilares en la hoguera de la noche de nuestro desposorio.
Oporto. Luz de Elena: la radiografía
del alba,
partituras de fados dentro de la maleta
y el viento
lento. El viento.
El primer beso en el centro de la mujer de nadie.
Este poema
escrito con letra de borracho en el reverso de un mapa
para saber de dónde vengo
además
de saber ir.
Al infinito
nos llevan de la mano la mirada, la ciudad, y este poema
con
el que nos atrevemos a casarnos mediante ese sagrado para siempre de la página
/impresa…
Por el poder que me confiere la naturaleza
yo os declaro unidos como dos siameses
con las almas pegadas.
