miércoles 3 de febrero de 2010

BILBAO-NUEVA YORK-BILBAO de Kirmen Uribe

Toca un nervio del alma. Habla de lo de siempre sin ser convencional. Conserva la vibración de lo que es más humano que literario…
La teoría de la literatura denomina autoficción al proceso resultante del escritor que narra con detalle su pasado sin renunciar a que el fenómeno autobiográfico invada el terreno de la imaginación. Tomando elementos que proceden del género del diario e incluso de la poesía confesional, la expansión del fenómeno narrativo autobiográfico ha dado lugar a novelas de casuística muy variada que incorporan con frecuencia innovaciones técnicas notables, y cuyo intimismo universalizado impacta en el lector que no es de piedra.
Precisamente al marco de la autoficción se circunscribe sin ataduras la primera novela de Kirmen Uribe Bilbao-Nueva York- Bilbao (acaba de publicarla Seix-Barral y es el Premio Nacional de novela de este año).
Utilizando como pretexto argumental un viaje iniciático del propio autor con el itinerario que marca el título –en paralelo a otro viaje que se nos cuenta simultáneamente en segundo grado de ficción-, ésta es la historia de cómo se forja la memoria de un hijo heredero de una estirpe de pescadores. Y es la historia de un mural pintado por un artista que antepuso la familia al éxito. Y es la historia de un arquitecto dotado con un refinado sentido de la amistad. Y la historia de un abuelo cuyo apabullante sentido común le convertía en un sabio emocional, y cuya esforzada vida de anecdotario penetrante sigue significando algo tras su muerte… La historia, en suma, de una localidad –Ondarroa- y una familia que en estas páginas reciben un conmovedor homenaje conjunto. ¡He aquí un relato que no suplanta a la vida porque relatar forma parte de ella!
La prosa directa y metafórica es un rico fluir de la conciencia y la memoria y, atendiendo al por algunos momentos reiterado manejo de vocabulario, se intuye que gana mucho en su euskera original. La forma de enlazar pasado y presente resulta habilidosa. La estructura narrativa discontinua, que remite al posmodernismo, se corresponde con lo que Linda Hutcheon denomina novela-pastiche –de hecho integra todo tipo de materiales, letreros, esquemas, cartas, e-mails, páginas de diario, sin que nada resulte forzado- y el mundo realista general no renuncia a la rebeldía de lo imaginativo al construir alegorías de impactante universalidad. Pero, en mi opinión, por encima de todo, lo que mueve, esparce y desordena el corazón del lector hasta dejarle tocado es ese tono entregado a la causa de la ternura… Un triunfo de la humanidad es el tono de esta novela.
El narrador, en un acto de singular honestidad, nos hace a un tiempo partícipes del argumento, del proceso de investigación para completar ese argumento, de sus influencias narrativas –al nombrar a Unamuno, Carson McCullers y Silvia Plath por ejemplo-, de las opiniones que va recibiendo sobre lo que escribe y hasta de sus sentimientos para con el modo de contar lo que cuenta: todo conformando así un canto narrativo al apego, a las raíces y a las esencias que nos vinculan con lo fundamental.
Vivimos en una época dispersa en la que el yo tiende a disgregarse; a diluirse en el impulso globalizador que nos dirige vertiginosamente y a ciegas: por eso cada vez es más necesaria la literatura que nos devuelve al primigenio terreno de lo que somos... ¡He aquí la novela del año!

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viernes 25 de septiembre de 2009

EL MAPA DE LA VIDA de Adolfo García Ortega

La ficción, con su mirada global, intimista y subjetiva, nos habla incluso mejor que nuestros propios sentidos sobre aquellos acontecimientos de los que hemos sido testigos. Y es que nada como un argumento que apueste por el individuo para explicarnos la historia; nada como la ficción sin obligaciones realistas para producir memoria histórica regenerativa.
Así lo ha entendido ejemplarmente Don DeLillo en su novela El hombre del salto –brillante aproximación a ese acontecimiento histórico decisivo que fue y es el 11S, e hito narrativo por su modo de abordar este tema por encima incluso de los nada desdeñables Martin Amis y Joseph O´Neill-. Y, entre nosotros, así parecen haberlo entendido también Luis Mateo Díez que, sobre el 11M, escribió una novela breve, discontinua, alegórica, terapéutica y posmoderna titulada La piedra en el corazón, y Ricardo Menéndez Salmón, quien concibió su novela El corrector ahondando en el 11M como si de una errata en el libro de la realidad se tratara. Pero, en mi opinión, el intento más meritorio a la hora de abordar nuestro 11M es ya El mapa de la vida, novela que firma Adolfo García Ortega (Ed. Seix-Barral).
El argumento principal es una historia de amor: Ada, experta en el Renacimiento, y Gabriel, diseñador de montañas rusas, son dos personas mimadas por la vida que no parecían haberse inquietado jamás ante la cercanía de la nada, pero de pronto les toca la china en la rifa de la adversidad: ambos van esa mañana en los señalados trenes. ¡Y los dos sobreviven aunque ninguno del todo! Tras un arranque narrativo con descripciones repletas de finura moral y minimalismo emocional –un arranque que versa sobre el mal, su imprevisibilidad y sus implicaciones- nos adentramos en una historia insólita y magnética en la que, tan importantes como los protagonistas, son todos esos personajes secundarios descritos con abocetada minuciosidad: el autor nos sugiere mediante ellos que cualquiera iba en esos trenes; que todos íbamos un poco.
Ada y Gabriel se conocen tras el magnicidio y se enamoran. Los lectores asistimos entonces a ese amor casi arquetípico en medio de un Madrid desgarrado aunque también elegíaco. Y escuchamos los pensamientos de los recién muertos e incluso imaginamos -de la mano del autor- lo que podrían haber sido sus vidas sin la drástica interrupción de la muerte: todo desde una fascinante perspectiva angélica... De hecho esa perspectiva superior, trascendente, angélica, es la principal aportación de esta novela al tema del 11M: hay quien puede interpretar esto teológicamente, y quienes lo entendemos como una audaz metáfora de todo narrador.
Madrid/Florencia, el Renacimiento/la supervivencia, la montaña rusa/el amor… Estas páginas llenas de paralelismos nos ayudan a captar las interconexiones. Y es que lo que convencionalmente llamamos realidad puede ser un ámbito aterrador, en efecto, pero atreverse a mirar desde otra perspectiva lo clarifica e intensifica mucho todo.
El mapa de la vida, que hoy es una novela detentadora del regusto de las novelas clásicas sobre el ser humano y sus traumas, un día será una novela histórica... Pero por el momento he aquí, escrita con una suerte de fascinación moral por quienes sobreviven al horror improvisando pautas, una narración iluminadora…. No se la pierdan.

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lunes 15 de septiembre de 2008

UNA PUTA ALBINA COLGADA DEL BRAZO DE FRANCISCO UMBRAL de Diego Medrano

Diego Medrano (Oviedo, 1978) vive y escribe a la sombra de Leopoldo María Panero -loco y maldito por antonomasia de nuestra cultura- como Leopoldo María Panero -interesante escritor de enorme talento que ha acabado devorado por su personaje poético- malvive y escribe a la sombra de Antonin Artaud. Y acaso por eso, porque Medrano se ha enfrentado ya con sus demonios interiores y ha visto el abismo peligroso y atractivo como un pozo lleno de diamantes, ahora ha hecho un punto de inflexión en su obra con su más reciente novela titulada Una puta albina colgada del brazo de Francisco Umbral (Ed. Nowtilus).
Este joven autor en cuya imaginativa prosa hay algo del surrealismo y las vanguardias europeas, mucho de Valle Inclán y Gómez de la Serna, y cuarto y mitad de Baudelaire y Rimbaud, se hizo un hueco definitivo en las librerías al publicar Los Héroes Inútiles, su correspondencia personal con Leopoldo Mª Panero. A este singular libro le siguió otro hito dentro de la variada producción de Medrano –la sorprendente y alocada novela El Clitoris de Camile (Ed. Seix-Barral) inspirada de algún modo en la vida de Camile Claudel, musa del escultor Rodin- la cual sorprendió a la crítica y acojonó al público por su inventiva verbal, su inconformismo temático y su sentido de la trasgresión.
Y ahora, como reivindicándose a sí mismo con todo derecho, Diego Medrano ha escrito y publicado una novela con la que su nombre se desasociará del de Leopoldo María Panero y quedará unido para siempre al de cuantos, en la tradición española, han escrito novelas con más estilo que argumento en las cuales brilla la prosa, se reinventa el lenguaje, se denuncia la vida, se va y viene de la radicalidad a la ternura y se vive con pasión. El nombre de Diego Medrano, a partir de esta novela hermosa y loca como todo lo imposible, a partir de este homenaje, de este elogio de la literatura vívida y vivida, quedará para siempre unido al de esa metáfora que ahora es Francisco Umbral.
Samuel Lamata, protagonista de esta novela, es un escritor radical, homosexual, marginal y aspirante a maldito perdido en una pensión sórdida de la calle Hortaleza. Se supone que está escribiendo un libro extravagante –La Vida en las Pensiones-, y, desde luego, ha venido a Madrid para conocer a su admirado Umbral.
Deambulando pues como un gato callejero por el Madrid bohemio conocerá a un editor, Enrique Tarazona, el cual promete inicialmente publicar su libro y presentarle a Umbral, y eso acentuará la vocación y el delirio mesiánico de nuestro protagonista. A partir de aquí, y añadiendo al texto un segundo grado de ficción, todo lo que el protagonista vive parece un capítulo del libro que se supone que está escribiendo -todo tiene algo de novela picaresca postmoderna- al tiempo que Tarazona, ya que todos necesitamos un guía que nos ponga en la rampa de salida de la vida, como nos enseño Herman Hesse en Demian, o que nos conduzca a través del infierno, como nos enseñó Dante en La Divina Comedia, se convertirá en el guía de Samuel Lamata. El joven escritor conocerá a Umbral en el Café Gijón y a una especie de hetaira moderna adicta a los medicamentos y las citas literarias -Maruja Lapoint-, y Tarazona iniciará en el acto una colección de ficción en su editorial contratando simultáneamente una novela de Umbral, y una biografía de Maruja Lapoint escrita por Samuel Lamata. Tras ese encuentro y esa oferta Samuel Lamatra cambiará de guía, sustituirá a Tarazona por Umbral, y luego sustituirá a Umbral por Maruja, la cual se nos descubrirá como una sádica visionaria.
Al mismo tiempo prosiguen pues su novela y su vida, su acerada, inquietante, admonitoria e iluminadora educación sentimental. El lector seguirá leyendo con placer -seguirá asistiendo a los descubrimientos vitales del escritor y a las las discusiones entre escritor y editor- para saber si finalmente llegará Samuel a escribir ese libro y, cosa más difícil, si Tarazona llegará a publicarlo, pero sobretodo seguirá leyendo ebrio de prosa torturada. Así es esta novela atípica llena de frases ingeniosas y citas literarias iluminadoras en la que el autor, fiel a sus clásicos, da más importancia a las conversaciones que a los sucesos…
He aquí pues una novela para quien aprecie el talento, para quien sepa degustar el estilo, para quien disfrute con la potencia verbal y emocional de quien escribe desde un límite… Un hallazgo.

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jueves 7 de febrero de 2008

Xuan Bello

Como quien no se conforma con su época y de vez en cuando vuelve atrás para guiñar un ojo al camino, así vive Xuan Bello. Arraigado. Emocionante. Anacrónico como todo lo eterno… Así escribe Xuan Bello sobre todo eso que fuimos y ya nos abandona.
Pienso en esto en Gijón mientras el mundo interior y el exterior parecen querer reunirse dentro de mí ante el desasosegado Mar Cantábrico. Y recuerdo al poco él hálito que me dejó en el alma su libro Historia Universal de Paniceiros -narrativa discontinua escrita en ese idioma que nosotros llamamos leonés y aquí asturiano, y traducida al castellano por el propio autor: Editorial Debate, y hace poco reeditada por Mondadori en Debolsillo-. Sí, vuelvo anímicamente a esas páginas que recrean entre otras cosas la cotidianidad mitológica de Paniceiros, -un pequeño pueblo de Tineo (Asturias)- y reparo así en que la realidad está perdiendo parte de su magia y su lirismo… Por eso Xuan Bello, hombre culto de nostalgia contagiosa, escribe como el arqueólogo que recompusiera amorosamente los restos de un ánfora.
De nuevo vuelvo a recordar por qué ese libro me iluminó, y su sentido parece intensificarse ahora que la abuela Margarita ha muerto aunque en mí siga tan viva. Y es que uno lee a Xuan Bello y se descubre conectado con un mundo rural que ya no existe pero con el cual soñamos para recuperarlo. Y descubre también que todo lo rural, lo primigenio, pervive envuelto en un manto de niebla y de sueños mientras está conectado con muchos otros lugares legendarios gracias a los personajes pintorescos que allí se generan y cobijan -esos personajes que parecen los mismos repetidos en todas las enormes literaturas pequeñas-... Visto así para mí Historia Universal de Paniceiros más que una novela es una forma de confundir el misterio con la magia, la superstición con el mito y el pasado con la eternidad.
Paseo pues por el muro de Gijón y recuerdo a Capote en la sierra de Paniceiros, ese lugar suspendido en el vétice del tiempo, y pienso en que se parece a Belisario -el pocero de Benamariel tan conocido en los bares con musas de alterne de mi barrio-, y recuerdo al sabio Pepín del Sueiru y sé que es clavado a Braulio -ese fontanero retirado de Villalobar que tanto tiene igualmente de sabio y memorable-. Y regreso con erudición melancólica a algunas otras cosas que me enseñó ese libro: que leer a don Álvaro Cunqueiro fuera de su mundo se parece a traducirlo; que si existe una forma de recitar a Rimbaud con el ritmo que precisa es así, en un pequeño pueblo apartado del mundo en medio de uno de esos veranos calurosos que hornean la adolescencia; que hay en definitiva “un hilo de oro o de bramante basto que nos une al pasado: la única forma de soportar el futuro”.
Ciertamente escribir en un idioma agonizante en pleno siglo XXI y tener aún así éxito de crítica y de público me resulta algo tan sincero y heroico como el vuelo, aquí, ahora, de las indiferentes gaviotas a las que cantaba Ángel González… Pero todo eso se desvanece en mi mente porque Xuan llega y me abraza mientras yo miro a Sonia, su compañera, a la que el embarazo le ha llenado el rostro de destellos.
Leer a Xuan Bello se parece mucho a regresar hoy allí, al pueblo de nuestros padres donde todo es esencial, para diferenciar así quien somos de en quien nos hemos convertido.
Tú, porque el tiempo se ha enamorado de ti, pareces un retrato inmortal de ti misma en medio de la calle.
Sonia te mira y casi te acaricia con los ojos. Y a mí me fascina comprobar que lo hace así, igual que lo hacía la abuela Margarita para decir sin palabras que existe algo invisible que interconecta a ciertas entrañables mujeres indescifrables…
El viento esparce estos pensamientos frente a la playa de San Lorenzo.

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lunes 15 de octubre de 2007

LA PIEDRA EN EL CORAZÓN de Luis Mateo Díez

“El mismo rostro, la identidad común, la fragilidad extrema…”. La última novela publicada por el fabulador leonés Luis Mateo Díez (“La Piedra en el Corazón”. Ed. Galaxia Gutenberg-Círculo de Lectores) trata sobre la enfermedad de una niña, Nina, aunque en el fondo narra la vivencia de la enfermedad indirecta que padecen quienes la cuidan. Igualmente trata sobre la enfermedad de una ciudad, Madrid durante los atentados del 11-M, pero principalmente versa sobre el padecimiento indirecto no de las víctimas sino de los ciudadanos que contemplan el horror al mirar por la ventana o al observar las espeluznantes imágenes en las pantallas de los televisores. Paralelismos. Nada es único. Toda historia, incluso las fantásticas, tiene algo de paralelismo… Ésta es una de esas novelas que no sólo llega al corazón del lector sino que además lo desmonta.
Y es que esas enfermedades psíquicas difíciles de describir y etiquetar, las cuales además llevan aparejados trastornos de personalidad, poseen como característica la fragmentación. Acaso por eso ésta novela está escrita así, mediante pequeños capítulos o piezas de puzzle, intentando emular indirectamente la fragmentación mental de la protagonista, Nima, y también la fragmentación emocional y matrimonial de sus padres: Liceo y Aura. Capítulos cortos, filosóficos, intensos, líricos para una historia contada mediante una narrativa discontinua… Esta innovadora novela parece las notas tomadas para escribir esta novela.
“Lo que el cuerpo debe al alma… Lo que la carne alberga del espíritu maltrecho de mi hija“. Conmueve e ilumina ese padre que quiere ya no ayudar sino al menos entender. Y esa madre que desea al menos proteger. Y protegerse… Y sobre todo llega a asustar la precariedad de Nina, una chica perdida en medio de una ciudad perdida. “El daño contiene la derrota de lo que nos sucede… El daño, hija mía, parece la palabra adecuada, quiso decir Liceo, y a lo mejor si nos pusiéramos de acuerdo en una palabra, en un concepto, podríamos acercarnos en ésta situación en la que estamos comprometidos sin que ninguna palabra signifique nada preciso, sin que exista una frase de consuelo y entendimiento, ya que de tanto hablar sin llegar a nada estamos peor que nunca”.
Sí, prosa intimista de autor excepcionalmente implicado. Y aún así lo que fascina de esta historia es principalmente la estructura narrativa; la forma inconexa pero elocuente como se narra aquí todo. Y es que el modo en que está contada esta historia nos recuerda sin decirlo que la precisión está hecha para la inteligencia.
Palpita esta obra intimista con una carta y un cuento intercalados y en la que la fantasía es el alivio para las almas atribuladas. Palpita ahora que estamos todos un poco necesitados de alivio. Vibra esta novela en la que la reflexión y el lirismo intensifican la narratividad y la dan peso ahora que, en medio de la delgada ceremonia cotidiana de la frivolidad, tanto necesitamos las cosas de peso, de entidad, de eternidad…
He aquí pues una historia breve e inacabable sobre la línea difusa que separa el dolor colectivo y el dolor familiar contada con un preciosismo verbal que ahonda en la dureza del argumento, sí, pero asimismo ayuda a descubrir el valor altamente terapéutico de las palabras como camino de encuentro, y el valor de la ficción como generador de orden incluso en medio de la desgracia. O, por decirlo con palabras del propio autor, “la escritura es una norma de orden en el desorden, un hilo de lucidez en la oscuridad, para que en la ciudad, como en la vida, se orienten los trenes”.
He aquí una historia sobre los enfermos y los cuidadores, esto es, sobre todos y cada uno de nosotros. Una historia definitiva y definitoria escrita con la autoridad moral de quien de pronto se desnuda y, generosamente, nos enseña su verdad.

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jueves 4 de octubre de 2007

EL JARDÍN DE LAS FAVORITAS OLVIDADAS de María Fernanda Santiago Bolaños

Desde antiguo una de las fascinaciones del hombre ha sido volar. Siempre el ser humano ha envidiado a las aves. Incluso en la Edad Media y el Renacimiento se hicieron experimentos fallidos para conseguir esa hazaña, desplazarse entre las nubes, y no ha sido hasta el siglo XX que la tecnología nos ha permitido conseguirlo mediante el avión. Sin embargo yo creo que existe quien vuela sin ayuda; que hay ángeles entre nosotros. De hecho me da la impresión de que María Fernanda Santiago Bolaños publica novelas como quien nos regala sus alas.
Esta escritora irrumpió en el panorama de la novela española con EL TIEMPO DE LAS LLUVIAS (Editorial Linteo), una obra ambiciosa sobre las raíces mitificadas, los exilios y las deudas de sangre, y cuya trama estaba localizada en gran medida en la Maragatería leonesa, más concretamente en un pequeño pueblo mítico llamado Castroluce. Dicha obra, poseedora del regusto de las novelas clásicas, fue saludada y celebrada por la crítica como un meritorio debut. Posteriormente publicó UN ÁNGEL MUERTO SOBRE LA HIERBA (Editorial Linteo), novela de prosa envolvente, sensual y lírica localizada en Calpurnia –literario reflejo de Orense- y cuya trama, bajo la cual parecía escucharse la música de Bach, nos hablaba de una casa que fue mágica, de una mujer que se desdoblaba y de unos personajes secundarios memorables capaces de hacernos comprender y amar la vida. Ahora llega a las librerías su tercera novela avalada por esta trayectoria literaria admirablemente singular.
En la recién publicada EL JARDÍN DE LAS FAVORITAS OLVIDADAS (Editorial Linteo) todo comienza con un juego y una adivinanza; todo comienza con un guiño al Zaratustra de Nietzche.
Sí, una niña es seducida por el cura del pueblo, y queda embarazada: nace así Anxo del Rey. Anxo crece como huérfano en un hospicio compostelano donde lo apadrinan una monja y un boticario, y donde lentamente aprende sobre plantas medicinales y hierbas de enamorar. A los cinco años sale obligatoriamente del hospicio sin tener a donde ir, y entonces empiezan sus trabajos como si de un precoz Ulises se tratara. ¡Pero existe la bondad! En la calle conoce al Capitán, marinero sabio y culto, versado en la filosofía clásica y los saberes antiguos… Con ternura infinita éste le dice “no te voy a dejar”. He ahí, en esa frase, el primer punto de giro de la novela: Anxo ha conocido a un guía, a un maestro protector, a un hombre de bien, a un Virgilio, y ese encuentro marcará su vida.
Las descripciones, los diálogos y el ambiente tienen ahora lenguaje de leyenda, y ese tono se ve incrementado por el hecho de que los personajes secundarios –el boticario, el cura, la monja, el médico…- no tienen nombre. Dentro de la lista de personajes secundarios aparece también un arriero maragato y es entonces, con su repentina presencia y sobre todo con su despedida, cuando el lector intuye que este texto va a estar repleto de buenas personas.
La acción fluye cansina pues la narratividad se ve frenada o enriquecida por el simbolismo. Los paralelismos mitológicos son constantes, y así lo muestran, por ejemplo, términos como “la gruta de las iniciaciones”, “el mar de los orígenes”... Y es que, como el propio Capitán dice, “nada hay más indispensable, en los momentos álgidos de la vida, que la mitología: por su mediación todos los seres humanos, alguna vez, tienen un momento de gloria”.
Pero esa trama no es la única, ni la dominante. Al mismo tiempo que nos adentramos en la leyenda, casi el mito, sabemos complementariamente de la existencia más actual y cercana a nosotros de María Salomón. Esta mujer es “una aprendiz de favorita de la vida”, una moderna Antífona, una monja refinada y mística amante del teatro –“el teatro es otro modo de arder y de resucitar”, dice-.
Este fascinante personaje de tragedia, María Salomón, descubre los orígenes maragatos de su familia materna como quien descubre su propia mitología, descubre también reveladoramente a su propia madre, y acude a La Habana para ver a su abuelo Anxo del Rey. Sí, he aquí el segundo y definitivo punto de giro de la novela: para ambos ése será un encuentro trascendental que marcará sus vidas. Anxo ha sido siempre un perpetuo huérfano, y sólo cuando se reúne en Cuba con su nieta siente, en cierto modo, la liberación de su precariedad existencial. María Salomón, por su parte, al encontrarse con sus raíces en Cuba, modifica su comprensión de la trascendencia e inicia una vivencia diferente de su religiosidad.
A partir de ese segundo encuentro que cierra un círculo nos adentramos ya totalmente enganchados por la prosa y el argumento en una historia contada con lenguaje brillante. “Castroluce fue el lugar de su segundo nacimiento, lo que la hacía doblemente mortal”; “los límites nos hacen supersticiosos porque la superstición es la última oportunidad que concede la esperanza”; “esto son mis recuerdos: las cosas latiendo”; “todas las grandes narraciones son páginas del mismo libro”; “dudas de fe, no es posible: de la fe, precisamente, no se duda”, etc., son, cogidas al azar, frases brillantes que la autora nos regala, y como ésas hay muchas en El Jardín de las Favoritas Olvidadas.
Así, a través de una estructura narrativa construida mediante actos y escenas teatrales, y mediante una prosa muy rica en alusiones, referencias y hallazgos expresivos, Marifé Santiago Bolaños nos introduce en un intenso mundo que nos ayudará a descubrir que, como en el Jardín del Emperador de China –“cada noche una amante distinta”- donde muchas esperaban un instante de gloria que atesorar siempre, así también en nuestra existencia todos queremos ser, al menos una noche, los favoritos de la vida.
Todo en esta historia tiene algo de símbolo; todo tiene algo de eso que fue y ya no es la existencia. Utilizando pues un narrador polifónico, el coro de muertos de las tragedias griegas, y una mitología privada, esta obra idealista nos muestra con belleza eso que nuestra sociedad laica ha perdido: el sentido de la trascendencia.
La adivinanza, el juego, la Historia, la poesía china, la cábala judía, las mascaradas de la Comedia del Arte, la mitología clásica, la teoría teatral, los ritos funerarios celtas, el saber de los curanderos indígenas, el amor sublime de la gran literatura, las raíces y la eficacia de lo sagrado se convierten a través de estas páginas en elementos de un texto meritorio para lectores exigentes.
He aquí pues una obra madura, de poca difusión quizá, pero de gran nivel. He aquí un sentido homenaje al mundo helénico y, sobre todo, al teatro, “el teatro que salva, el teatro que puede convocar a los espíritus, el teatro que puede resucitar a los muertos”.
Como no podía ser de otra forma en una novela trágica, modernamente mítica y con vocación de eternidad, todo acaba con una catarsis.
Quiero pues recomendarles de todo corazón que compren y lean esta novela, porque al leerla conseguirán volar.

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