miércoles 18 de julio de 2007

Machu Pichu

EL AMANECER VISTO DESDE MACHU PICHU GENERÓ EN MÍ CIERTA LLEVADERA METAFÍSICA EN ALGO SEMEJANTE A CUANDO OBSERVO UNO DE ESOS SEPULCROS QUE PARECEN DORMITORIOS

El cielo tenía algo plateado y prehistórico
en la cima exigente del sagrado Machu Pichu
-una piedra esculpida por antiguos hombres libres
nos invitó a sentarnos a leer a Neruda
ante el recién nacido sol semejante a un aura
y mirar tu sonrisa fue unificar mi yo-.

La paz, en ese instante elevado y respirable,
se volvió compatible con mirar allí abajo
deseando con envidia ser un cóndor andino
y volar sin fronteras geopolíticas
también
-como una niña indígena despertaste sonriendo
tras soñar con correr sola por la planicie
y el sabor a pepitas de kiwi de mis labios
de pronto
te presagió algo eterno-…
La luz creí que era el alma de aquella vista aérea.

Sí, los rayos incipientes de sutil realidad
sobre nuestras cabezas
parecían una especie de sombrero religioso
al tiempo que la belleza nos calaba hasta los huesos.
Te lo dije
igual que quien verbaliza con cuidado lo evidente
/para que no se rompa,
y la amplitud del mundo reflejado en tus ojos
invitó a celebrar la llegada del día
con la fruición de un sueño
repleto de fuego y significados:
Machu Pichu es filosófica, lírica e incluso mística
como toda ciudad
sin tejados.

Allí, creyendo
que el sol bendice la hora de placenta del comienzo,
tuvimos nuestro primer aviso,
casi un bautismo de sangre:

buena cuenta del éxito, del poder, de la vida
y del amor eterno

da

asomarse a las ruinas de un imperio.

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sábado 29 de julio de 2006

¡Cómo olvidar Machu Pichu!

Llegar a lo alto del Machu Pichu –uno de los siete enclaves mágicos del mundo, ciudad sagrada construida en lo alto de una montaña en el Perú- no es sólo un viaje sino también y sobre todo una forma de viajar. Llegar y descubrir de pronto, tras la exigente ascensión, esa ciudad fantasma habitada ya sólo por animales casi míticos como la alpaca y la vicuña. Llegar y sentarse estratégicamente en una piedra para leer a Neruda. Sí, llegar como para entender que la belleza, y acaso la poesía, es una vista aérea.

Allí, en el Machu Pichu, mirando el mundo desde una ventana del templo del Sol, supe que viajar tiene algo que ver con descubrir la extraña y fascinante relación entre el paisaje y la geografía humana. Y, por un instante, quise poder volar. Quise ser un cóndor andino protestando contra la geopolítica con naturalidad. Quise tener por Dios a una montaña y saber sobrellevar la adversidad con alegría. Lugar bello y expuesto. Machu Pichu… Lugar fascinante, filosófico, lírico, casi místico como toda ciudad sin tejados.

Y es que existe una energía primigenia, sutil, telúrica que brota libremente de la tierra en ciertos lugares mágicos como éste. Los animales lo saben -allí van a morir los elefantes decía José Donoso en una novela estupenda- pero eso no son capaces de percibirlo los turistas. Por eso viajar, más que turistear, tiene que ver con eso, con rebasar fronteras mentales, con ser otro, con volverse pájaro y volar “libre en brazos del aire”, escribió Luis Cernuda… Viajar es también encontrar un lugar donde sintonizar el cuerpo con el alma, y por eso, sí, el buen viajero es aquel que ya ha aprendido a quedarse.

Dentro de los viajes que bien pueden marcar una cruz en cualquier existencia sensible, está Machu Pichu más por lo invisible que hay allí, que por lo evidente. Qué buena cuenta del poder, del tiempo y del éxito da asomarse a las ruinas de un imperio. Qué buen modo de aprender humildad es el paisaje. Qué buen modo de aprender.

Si en Lima pude comprender que las ciudades pobres carecen del mal gusto de las metrópolis occidentales -acaso porque el mal gusto es algo que hay que poder permitirse-; si en Cuzco supe que prefiero descubrir a conquistar; si en las islas flotantes del lago Titicaca vi como vivían los Uros y en Taquile probé el barro comestible y navegué en canoa, en el Machu Pichu estuve tan cerca del cielo que pude tocar el alma de mis antepasados, y respiré un poema, y escribí que enamorarse de ti, mi indita, ha resultado ser como una de esas ciudades esculpidas en la roca.
Se viaja hacia lo otro y hacia el otro o sino sólo se aleja uno para estar más cerca. Se lleva el viaje dentro como ropa en la maleta o sino sólo es algo más que poder enseñar a la vuelta.

En fin ahora que el verano invita a viajar y a incitar a viajar, cómo olvidar Machu Pichu. Cómo olvidar esa cima en la que fui mortal, esa invitación a ampliar mi mundo… Cómo olvidarlo. Cómo leer mejor el poema de Neruda:

Entonces, en la escala de la tierra he subido
entre la atroz maraña de las selvas perdidas
hasta ti, Machu Pichu…

Madre de piedra, espuma de los cóndores.
Alto arrecife de la aurora humana.
Pala perdida en la primera arena.

Ésta fue la morada, éste es el sitio: aquí
los pies del hombre descansaron de noche
junto a los pies del águila, en las altas guaridas.



publicado originalmente en el Diario de León. Sección El Aullido.

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