LOS MUNDOS CONTRARIOS de Antonio Lucas
Antonio Lucas (Madrid, 1975) es un poeta nada evidente con un semblante que en las fotografías recuerda a Larra y algo del espíritu bohemio fin de siglo: a esto acompaña cierta constructiva rebeldía de lo más estimulante. Pertenece, con sus contradicciones que se intuyen semejantes a las de cualquiera, a la estirpe de los que no se conforman ni calculan o se pliegan. De hecho sus libros –caracterizados en el fondo por la indagación temática y en la forma por una apuesta en favor del libertario desorden de las vanguardias- están repletos de cierta imaginación verbal que no apela a nuestra lógica sino a las intuiciones más hondas: ”nada tiene pulso o norma: ni la suerte, ni la herida, ni la terca soledad, ni la estafa de un destino. Sólo el relámpago es eterna novedad inimitable, un canto fortuito de aire al fondo de la altura…”. Ya lo dijo Paul Celan: “son palabras negras; algo que no puedas entender no olvidar”.
Les prevengo pues: ser lector suyo –me autoinculpo- equivale a declararse borracho de idealismo. Y es que Antonio Lucas es uno de esos que hoy, como los pintores abstractos o igual que esos locos reveladores para los cuales su imaginación es experiencia pura, está haciéndonos ver que la realidad es una simplificación y el realismo, por ende, también.
Su último poemario titulado Los mundos contrarios por ejemplo (es premio de poesía Ciudad de Melilla y lo acaba de publicar la editorial Visor) nos invita a superar cualquier concepción bipolar del mundo, para pasar así a un compromiso moral y cívico sin adscripciones –de hecho estos poemas proponen una exigencia ética de la cual no se libra el yo del libro-: “Así también el poema:/ un corazón tendido,/ un festín de desamparos,/ un idioma exacto,/ casi un pájaro, Ezra./ ¿De qué te ha servido?”… ¡He aquí alimento para librepensadores!
Apoyándose en clásicos densos como Lautréamont, Pound, Rimbaud, Elliot, Lorca y Vallejo este autor construye un texto inexacto, un mundo expuesto, que no se detiene en homenajes sino que se dedica mediante ellos, no sin desencanto, a extraer el meollo de la vida.
Desde la cita inicial de Mark Rothko sabemos que Los mundos contrarios no coincide plenamente con los parámetros del surrealismo –tan influidos por la concepción freudiana de los sueños, por el lenguaje automático del inconsciente y el azar como expresión de libertad- pues la poesía irracionalista de Antonio Lucas está sometida a un rigor rítmico clásico, el cual no abandona ni en los poemas en verso ni en los poemas en prosa.
Especialmente interesante se nos muestra la idea aquí sugerida de que la creatividad es una y políglota, la cual hace que en estas páginas se incorporen, acentuando la tensión de los retratos de amor, la pintura de Velazquez y Egon Schiele y hasta el jazz embriagador de Billie Holliday conformando un todo culto, exigente, desestabilizante y enriquecedor.
En nuestra lírica de hoy abunda y domina la poesía figurativa, pero existe un elenco de poetas que –hermosos faroles de suburbio- se están labrando con encomiable dignidad un prestigio a la contra. Sirva mi recomendación apasionada de este libro como homenaje a todos ellos, los héroes imposibles de nuestras letras; de nuestro tiempo.
Les prevengo pues: ser lector suyo –me autoinculpo- equivale a declararse borracho de idealismo. Y es que Antonio Lucas es uno de esos que hoy, como los pintores abstractos o igual que esos locos reveladores para los cuales su imaginación es experiencia pura, está haciéndonos ver que la realidad es una simplificación y el realismo, por ende, también.
Su último poemario titulado Los mundos contrarios por ejemplo (es premio de poesía Ciudad de Melilla y lo acaba de publicar la editorial Visor) nos invita a superar cualquier concepción bipolar del mundo, para pasar así a un compromiso moral y cívico sin adscripciones –de hecho estos poemas proponen una exigencia ética de la cual no se libra el yo del libro-: “Así también el poema:/ un corazón tendido,/ un festín de desamparos,/ un idioma exacto,/ casi un pájaro, Ezra./ ¿De qué te ha servido?”… ¡He aquí alimento para librepensadores!
Apoyándose en clásicos densos como Lautréamont, Pound, Rimbaud, Elliot, Lorca y Vallejo este autor construye un texto inexacto, un mundo expuesto, que no se detiene en homenajes sino que se dedica mediante ellos, no sin desencanto, a extraer el meollo de la vida.
Desde la cita inicial de Mark Rothko sabemos que Los mundos contrarios no coincide plenamente con los parámetros del surrealismo –tan influidos por la concepción freudiana de los sueños, por el lenguaje automático del inconsciente y el azar como expresión de libertad- pues la poesía irracionalista de Antonio Lucas está sometida a un rigor rítmico clásico, el cual no abandona ni en los poemas en verso ni en los poemas en prosa.
Especialmente interesante se nos muestra la idea aquí sugerida de que la creatividad es una y políglota, la cual hace que en estas páginas se incorporen, acentuando la tensión de los retratos de amor, la pintura de Velazquez y Egon Schiele y hasta el jazz embriagador de Billie Holliday conformando un todo culto, exigente, desestabilizante y enriquecedor.
En nuestra lírica de hoy abunda y domina la poesía figurativa, pero existe un elenco de poetas que –hermosos faroles de suburbio- se están labrando con encomiable dignidad un prestigio a la contra. Sirva mi recomendación apasionada de este libro como homenaje a todos ellos, los héroes imposibles de nuestras letras; de nuestro tiempo.
Etiquetas: Editorial Visor, poesía

