miércoles 19 de diciembre de 2007

TIEMPO PARA AMAR de Robert A. Heinleim

Para Daniel Manceñido
¿La Historia y la Profecía son dos caras de la misma moneda? ¿La Historia y la Profecía se hacen una misma cosa en la ciencia ficción?
Con frecuencia el historiador, como simulando que escribe de memoria, utiliza un estilo directo y exacto frente al profeta que, acaso tratando de demostrar que escribe por inspiración, posee un estilo poético, preciosista e inexacto que satisface menos a la lógica que a la intuición. Por eso es tan rara y fascinante la literatura de Robert A. Heinlein, (1907-1988) probablemente la figura más influyente de la ciencia ficción estadounidense junto a Philip K. Dick. Y es que este autor extravagante tenía gran capacidad para crear las visiones más descabelladas -o más personales- y hacer que parecieran de sentido común, sí, algo así como el tipo de consejo sabio aunque alentador que un adolescente soñaría recibir de un tío aventurero que ha viajado mucho… La suya es pues una literatura de anticipación científica exuberante, asombrosa, optimista, repleta de naturalidad y soberbiamente escrita.
Según señala la crítica especializada gran parte de la mejor obra de este autor está recogida en el volumen Historia del Futuro, en donde Heinlein diseña un ambicioso panorama del porvenir en el que, con rigor y exactitud, nos muestra y casi demuestra que el futuro es una hermosa utopía ya que se parece al arte de hoy. Sin embargo, puesto que personalmente prefiero la hondura crítica al ingenio, a mí me ha divertido, conmovido y fascinado su gran obra de madurez: Tiempo para amar (Ed. La Factoría de Ideas).
Tiempo para amar narra las aventuras de Lazaruas Long, personaje estrella de otras novelas de Heinlein, y verdaderamente es una explosión de narrativa. Lazarus, figura típica del autor, es valiente, sarcástico, discutidor, activo, trasgresor y siempre tiene razón. Viaja en el tiempo, se acuesta con su madre, llena las ciudades de hijos suyos, pelea, mata…
Pero en el año 4772 de la Era Terrestre Lazarus Long, el ser humano más longevo del universo, está harto de todo y desea morir. Para ello acude a los barrios bajos de Nueva Roma y, tras una última juerga memorable, se suicida. Pero Lazarus, alterado por una mutación natural que le permitió sobrevivir a todos sus contemporáneos, ha sido afectado en grado sumo por los efectos secundarios de dicha mutación la cual ha contribuido decisivamente a su ideología libérrima y desvergonzada. De todos modos esta suerte de antihéroe es una persona demasiado única para que le permitan desaparecer. Tras ser resucitado por eso en una clínica de rejuvenecimiento por orden del gobierno, la Presidenta le propone un trato: entretenerle escuchando la historia de su vida mientras encuentran una novedad que estimule el interés de Lazarus por la vida.
A partir de ahí esta novela trepidante se convierte en una epopeya que principalmente trata sobre la expansión humana por el universo, todo visto desde el peculiar prisma de Lazarus Long. Así en estas páginas, a partir de entonces, encontraremos hazañas bélicas, colonias en Marte, trovadores, burdeles, mercaderes, esclavos genéticamente modificados y numerosas frases con vocación de cita literaria.
Pero en mi opinión lo más importante es el personaje, una especie de judío errante futurista que lo ha hecho y visto todo, y como lo ha visto lo cuenta. Pero no sólo asistiremos así a sus aventuras; también nos quedaremos fascinados con sus inteligentes máximas y asistiremos a una sucesión de diálogos socráticos sobre el amor, la política, el lenguaje, las inteligencias artificiales, el significado cultural del sexo…
Finalmente Lazarus, como El Hombre Bicentenario de Isaac Asimov, obtendrá lo que necesitaba para recuperar el deseo de vivir: una familia. Con ella fundará su propia colonia y logrará dar así rienda suelta a su espíritu emprendedor y fronterizo, pero ahí no acabará todo.
Y es que luego, en el sorprendente final, observaremos el toque moralizante afín al espíritu conservador de Robert A. Heinlein, autor más que interesante dentro del panorama de la ciencia ficción clásica y escritor que describe el futuro espléndidamente pero no como un delirante visionario a lo Olaf Stapledon, Fredric Brown o Stanislav Lem, no, sino del modo preciso, elocuente y esclarecedor en que lo haría un historiador. Y es que la Historia y la Profecía son dos caras de la misma moneda…

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martes 18 de septiembre de 2007

Reivindicando la CIENCIA FICCIÓN


Autor: Phlilip K. Dick
ISBN: 9788435015950
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Autor: Stanislaw Lem
ISBN: 9788445074404
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“Es una pistola muy antigua la que no puede apuntar en dos direcciones a la vez” dice finalmente Robert A. Heinleim en una de sus novelas de anticipación científica en la que acaba matando al lector. Sí, la ciencia ficción en literatura, parece, vive momentos de crisis a causa de la cuota cada vez menor de lectores con que cuenta aunque sin embargo los espectadores de cine no paran de demandar historias sobre robots, épica futurista, totalitarismos galácticos, prodigios tecnológicos increíbles y sobre otros mundos utópicos o distópicos. En literatura no pero en el cine sí. Bueno, ¿y a qué se debe esta diferencia?

Lo cierto es que las grandes películas de ese género de culto llamado ciencia ficción, algunas ya convertidas en clásicos, son adaptaciones de cuentos y novelas sublimes. Así la película 2001: una odisea en el espacio procede del curioso cuento de uno de mis autores favoritos, Arthur C. Clarke, titulado 2001; Blade Runner originalmente era una novela ingeniosa y delirante de Phlilip K. Dick titulada ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?; la recientemente celebrada película de Steven Spielberg Minority Report surge de la novela homónima del mismo autor, Philip. K. Dick, y Solaris, por poner otro ejemplo de una película reciente, tiene su origen argumental en una novela virtuosamente imaginativa del mismo título escrita por Stanislaw Lem... Entonces, ¿por qué la ciencia ficción tiene mucho más éxito en el cine que en formato libro?

Las novelas de ciencia ficción empezaron mucho antes de la era de la imagen, y de ahí su grandeza. Se suele citar como obra pionera el Frankenstein de Mary Shelley aunque sin duda el género tal y como lo entendemos le debe todo inicialmente a los viajes extraordinarios y las novelas de anticipación científica de Julio Verne, aunque aumenta su vigor por la riqueza de temas tratados en las obras de H. G. Wells. De todos modos, aunque la crítica habla de la Edad de Oro de la ciencia ficción y la sitúa en los años 40 y 50 en Estados Unidos, el culmen, en mi opinión, llega con el ambicioso, visionario y genial Hacedor de Estellas de Olaf Stapledon, con esa inteligente e imaginativa alegoría de Ray Bradbury titulada Fahrenheit 451, con las obras de Aldoux Huxley y principalmente con el prolífico y cada vez más interesante Isaac Asimov –entre cuyas novelas a mí me fascinó Yo, robot y Fundación aunque estoy ahora leyendo los dos tomos de sus cuentos completos –forman parte de las lecturas con las que sigo preparándome antes de empezar a escribir mi próxima novela, que sucede en León en el año 3936-. Sí, todas esas novelas citadas y algunas otras, junto a las revistas Pulp, abrieron y conformaron un camino y siguen siendo hoy una exigencia audaz para nuestra imaginación en estos tiempos en los que la imaginación se ha vuelto o una carencia o una extravagancia... El cine, en mi opinión, es la literatura pero exigiéndole mucho menos al receptor.

Y es que el cine, que en otro tiempo se sostuvo mediante el cimiento del guión incluso en las películas de ciencia ficción, ahora se hace valer fundamentalmente mediante los efectos especiales y por eso el público mayoritariamente va a ver esas películas no para reflexionar ni para nutrir su imaginación, sino sólo para que le llenen los sentidos casi hasta la saturación... ¡Qué incierto es eso de que una imagen vale más que mil palabras!

Sí, el cine nos enseña que la ciencia ficción es muy divertida pero, en mi opinión, las novelas y los cuentos de ciencia ficción van mucho más allá al mostrarnos también que el mundo puede ser de otra forma al tiempo que nos previenen y nos dirigen mientras nos hacen ver otros mundos –sirvan como ejemplo, los cuentos alucinantes de Fredric Brown-. Así la literatura de ciencia ficción nos ayuda a no conformarnos, a no estancarnos, a seguir replanteándonoslo todo para mejorar y a tener una amplia perspectiva del concepto tiempo ahora que la sociedad nos obliga a vivir en la dictadura de la actualidad y del presente. Leemos novelas de ciencia ficción sobre el futuro con detenimiento y nos damos cuenta así de que en realidad son una invitación a revisar el presente, son una denuncia, son un aviso, son lo que queda de la literatura concienciadota… Los libros de ciencia ficción se han convertido hoy en nuestra literatura social.

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