LOS LUGARES INTACTOS (ED. PRE-TEXTOS)
(Texto leído en Alcalá la Real, Jaen, con motivo de la recogida del XXX Premio Arcipreste de Hita por mi libro de poemas LOS LUGARES INTACTOS)
Excmo sr Alcalde, autoridades, lectores y lectoras de poesía, amigos y amigas de Alcalá la Real:
Yo provengo de un pueblo o resumen del mundo en el que todo tiene su momento, su gracia, su misterio y su rito. Un lugar más surrealista que costumbrista en el que los contrastes y las rarezas parecen meros condimentos para la realidad, ese plato cocinado a fuego lento por madres cuya mirada acaricia.
Las prostitutas, como enseñándonos que el mundo es ancho y ajeno, llegaron para quedarse a Villalobar, mi pueblo, una noche, de repente. Abrieron un local trnasfronterizo, oscuro y mágico junto a la carretera. Luego otro, y otro, y otro… Desde entonces para nosotros Pretty Woman es más realidad que metáfora. Desde entonces nuestro corazón es una casa de citas.
Para cuando llegamos a la adolescencia, que fue mucho antes de que la adolescencia llegara a nosotros, había computadas –nunca mejor dicho- en Villalobar más prostitutas que habitantes. De hecho así lo atestiguó un artículo a toda página publicado entonces en el periódico El País, en el que, debajo de una foto de nuestro Toro de Osborne, se decía que este pequeño pueblo era el de mayor ratio de prostitutas por habitante de esta España surrealista y nuestra –siempre me pregunté quién y cómo haría ese censo-.
Un pueblo largo y lento como un blues, uno apegado a sus raíces y sus pequeñas cosas, tuvo de pronto que decidir si cerrarse o abrirse ante la llegada de lo nuevo… Nosotros decidimos abrirnos así, como se deciden estas cosas: sin pretenderlo pero mereciéndolo.
Pero aquello no sólo cambió nuestras noches sino también los días pues pronto descubrimos que las noctámbulas trabajadoras del amor, de día se convierten en vecinas integradas que luchan con denuedo por ganarse esa normalidad que de ordinario se les niega. Las prostitutas, sin maquillaje de guerra, compraban y sonreían. Las prostitutas, sin ropa minimalista, jugaban a la brisca. Las prostitutas, como procesión de almas en pena, iban a misa y lloraban ante la Virgen María Inmaculada en un acto tan contradictorio y emocionante que parecía la verdad misma.
Yo, como digo, crecía entonces cerca de la realidad y el mito en un lugar en el que la hospitalidad era otra religión. Por eso por años que pasen nunca olvidaré las Nocheviejas en casa de mis padres con tostadillo, y música, y ecuatorianos, árabes, empleadas de la pasión efímera, algún indigente llegado cada año a la misma hora, y la abuela, y nosotros… Nosotros ya aprendices de nada y de todo sin darnos cuenta.
Yo crecía pues poéticamente mientras el multiculturalismo y el interculturalismo se adueñaron de nuestra vida diaria con esa naturalidad de lo verdaderamente surreal. Transitaba por las calles y casas mientras éstas se empezaban a llenar de marroquíes vendedores de alfombras y tecnología casera, ecuatorianos aferrados a su musical indigenismo, tratantes, chulos con mascarilla y dignidad de nobles vestidos con traje y corbata y sujetando con la mano izquierda su botella de oxígeno, veraneantes asturianos buscando sol o calor y sobretodo venus negras tiernas y canallas como versos de Baudelaire que ya siempre conformarán el cimiento de todo lo que escriba.
Escuchaba sus historias, procedencias y sueños, y la imaginación me desobedecía. Mis emociones se contradecían. Mi anhelo por viajar y escribir se acrecentaba. Mi inteligencia era espoleada por aquel tiempo a base de hostias y sorpresas cada día, y conocí entonces la amistad, y el amor, y el brillo de lo distinto, y el poder de lo contado y de lo imaginado, y ese lazo imprescindible que une a las familias fundadas por un padre que no sabe dividir. Yo crecía y me formaba… Pero tuve que interrumpir mi formación y crecimiento para ir a la universidad.
Desde entonces siempre he querido escribir un libro sobre los viajes que me invitaron a hacer las prostitutas de mi pueblo sin ellas saberlo; uno para devolverles de algún modo un poco de lo mucho recibido. Y ese libro es éste, Los lugares intactos, que ahora habéis considerado merecedor del XXX Premio Arcipreste de Hita. Por eso, en el nombre de todas las prostitutas foráneas de Villalobar y en el mío propio, gracias de verdad al Ayuntamiento de Alcalá la Real que organiza el premio, gracias al impresionante jurado, gracias a la maravillosa editorial Pre-textos, gracias a todos ustedes, gracias, gracias…
Como digo yo crecí en ese pequeño pueblo de carretera, y supongo que estaba aparentemente destinado a no salir de él. Pero, como Kavafis me enseñó en su emocionalmente instructivo poema titulado La ciudad, nunca pude irme de allí pues nuestro verdadero lugar viaja siempre con nosotros. Sí, llevaba a mi pueblo dentro cuando visitaba Lima, Florencia, Ámsterdam, Toronto, Túnez y el resto de lugares intactos que conforman este libro. Ahora lo comparto, lo publico, gracias a vosotros “para saber de dónde vengo/ además/ de saber ir”, como dice el primer poema de esta serie.
La abuela Margarita acaba de morir restándole sentido a todo, pero a ella dedico el poema Galicia blues –incluido en este libro- para decirla así que siento por ella el amor que se profesa por los clásicos. Asimismo, esté donde esté, termino confirmándola que desde que salí de Villalobar todo ha cambiado en mí, pero ese mundo mío sigue como siempre.
Por supuesto a veces regreso al pueblo –con sus putas, tan entrañable- y siempre veo allí un aleccionador resumen del universo. Y vuelvo atrás la vista para repasar mis viajes. Y entonces recuerdo siempre algo que me dijo una vez mi abuela Margarita: “tú, creciendo aquí, tenías que ser escritor… ¡No te quedó más remedio!”.
Muchas gracias de todo corazón.
Excmo sr Alcalde, autoridades, lectores y lectoras de poesía, amigos y amigas de Alcalá la Real:
Yo provengo de un pueblo o resumen del mundo en el que todo tiene su momento, su gracia, su misterio y su rito. Un lugar más surrealista que costumbrista en el que los contrastes y las rarezas parecen meros condimentos para la realidad, ese plato cocinado a fuego lento por madres cuya mirada acaricia.
Las prostitutas, como enseñándonos que el mundo es ancho y ajeno, llegaron para quedarse a Villalobar, mi pueblo, una noche, de repente. Abrieron un local trnasfronterizo, oscuro y mágico junto a la carretera. Luego otro, y otro, y otro… Desde entonces para nosotros Pretty Woman es más realidad que metáfora. Desde entonces nuestro corazón es una casa de citas.
Para cuando llegamos a la adolescencia, que fue mucho antes de que la adolescencia llegara a nosotros, había computadas –nunca mejor dicho- en Villalobar más prostitutas que habitantes. De hecho así lo atestiguó un artículo a toda página publicado entonces en el periódico El País, en el que, debajo de una foto de nuestro Toro de Osborne, se decía que este pequeño pueblo era el de mayor ratio de prostitutas por habitante de esta España surrealista y nuestra –siempre me pregunté quién y cómo haría ese censo-.
Un pueblo largo y lento como un blues, uno apegado a sus raíces y sus pequeñas cosas, tuvo de pronto que decidir si cerrarse o abrirse ante la llegada de lo nuevo… Nosotros decidimos abrirnos así, como se deciden estas cosas: sin pretenderlo pero mereciéndolo.
Pero aquello no sólo cambió nuestras noches sino también los días pues pronto descubrimos que las noctámbulas trabajadoras del amor, de día se convierten en vecinas integradas que luchan con denuedo por ganarse esa normalidad que de ordinario se les niega. Las prostitutas, sin maquillaje de guerra, compraban y sonreían. Las prostitutas, sin ropa minimalista, jugaban a la brisca. Las prostitutas, como procesión de almas en pena, iban a misa y lloraban ante la Virgen María Inmaculada en un acto tan contradictorio y emocionante que parecía la verdad misma.
Yo, como digo, crecía entonces cerca de la realidad y el mito en un lugar en el que la hospitalidad era otra religión. Por eso por años que pasen nunca olvidaré las Nocheviejas en casa de mis padres con tostadillo, y música, y ecuatorianos, árabes, empleadas de la pasión efímera, algún indigente llegado cada año a la misma hora, y la abuela, y nosotros… Nosotros ya aprendices de nada y de todo sin darnos cuenta.
Yo crecía pues poéticamente mientras el multiculturalismo y el interculturalismo se adueñaron de nuestra vida diaria con esa naturalidad de lo verdaderamente surreal. Transitaba por las calles y casas mientras éstas se empezaban a llenar de marroquíes vendedores de alfombras y tecnología casera, ecuatorianos aferrados a su musical indigenismo, tratantes, chulos con mascarilla y dignidad de nobles vestidos con traje y corbata y sujetando con la mano izquierda su botella de oxígeno, veraneantes asturianos buscando sol o calor y sobretodo venus negras tiernas y canallas como versos de Baudelaire que ya siempre conformarán el cimiento de todo lo que escriba.
Escuchaba sus historias, procedencias y sueños, y la imaginación me desobedecía. Mis emociones se contradecían. Mi anhelo por viajar y escribir se acrecentaba. Mi inteligencia era espoleada por aquel tiempo a base de hostias y sorpresas cada día, y conocí entonces la amistad, y el amor, y el brillo de lo distinto, y el poder de lo contado y de lo imaginado, y ese lazo imprescindible que une a las familias fundadas por un padre que no sabe dividir. Yo crecía y me formaba… Pero tuve que interrumpir mi formación y crecimiento para ir a la universidad.
Desde entonces siempre he querido escribir un libro sobre los viajes que me invitaron a hacer las prostitutas de mi pueblo sin ellas saberlo; uno para devolverles de algún modo un poco de lo mucho recibido. Y ese libro es éste, Los lugares intactos, que ahora habéis considerado merecedor del XXX Premio Arcipreste de Hita. Por eso, en el nombre de todas las prostitutas foráneas de Villalobar y en el mío propio, gracias de verdad al Ayuntamiento de Alcalá la Real que organiza el premio, gracias al impresionante jurado, gracias a la maravillosa editorial Pre-textos, gracias a todos ustedes, gracias, gracias…
Como digo yo crecí en ese pequeño pueblo de carretera, y supongo que estaba aparentemente destinado a no salir de él. Pero, como Kavafis me enseñó en su emocionalmente instructivo poema titulado La ciudad, nunca pude irme de allí pues nuestro verdadero lugar viaja siempre con nosotros. Sí, llevaba a mi pueblo dentro cuando visitaba Lima, Florencia, Ámsterdam, Toronto, Túnez y el resto de lugares intactos que conforman este libro. Ahora lo comparto, lo publico, gracias a vosotros “para saber de dónde vengo/ además/ de saber ir”, como dice el primer poema de esta serie.
La abuela Margarita acaba de morir restándole sentido a todo, pero a ella dedico el poema Galicia blues –incluido en este libro- para decirla así que siento por ella el amor que se profesa por los clásicos. Asimismo, esté donde esté, termino confirmándola que desde que salí de Villalobar todo ha cambiado en mí, pero ese mundo mío sigue como siempre.
Por supuesto a veces regreso al pueblo –con sus putas, tan entrañable- y siempre veo allí un aleccionador resumen del universo. Y vuelvo atrás la vista para repasar mis viajes. Y entonces recuerdo siempre algo que me dijo una vez mi abuela Margarita: “tú, creciendo aquí, tenías que ser escritor… ¡No te quedó más remedio!”.
Muchas gracias de todo corazón.

Bárbaro este texto, Luis. Y mi enhorabuena por el nuevo galardón. Un abrazo.
Luismiguelrabanal
Posted by
Anónimo |
8:37 PM
¡Te tienen que nombrar embajador de Villalobar!
Posted by
Rémora |
12:50 PM