CECILIA de Antonio Gamoneda
El condenado a muerte camina maniatado, descalzo, por el astillado y amenazante puente de tablas hasta llegar al otro lado. Le acompañan dos guardianes y un verdugo. Van hacia el lugar en que ese hombre va a ser ajusticiado, pero durante el trayecto uno de los guardianes ve una higuera a un lado del camino, se detiene, toma higos y de pronto mira con piedad al condenado. Le dice:
-Toma, come un hijo.
Y él responde:
-No, son malos para mi salud…
Como iluminadamente ha dejado dicho Oshu, gran maestro de la meditación zen, a quienes ahondamos en él pretendiendo así elevar nuestro personal nivel de conciencia ese koan nos enseña que el condenado sabe que va a morir pero aún así se preocupa por su salud, sí, pues cuanto más cerca está uno de la muerte más se sitúa en el Aquí y el Ahora. ¿Cuál es tu Aquí y tu Ahora?
Acabo de releer lentamente en estos días el poemario Cecilia, obra definitiva de mi maestro zen Antonio Gamoneda, y sus versos me han parecido eso: un modo de situarse obstinada y densamente en el Aquí y el Ahora… Leer poesía nos desmasifica… Nuestro poeta ha escrito un libro como quien funda una ciudad a la que regresar.
Se necesita haber recorrido un camino solitario y especial para escribir un libro tan crudo y vitalista al mismo tiempo. Y se require un gran aprecio por las aventuras emocionales para leer estos versos tan esenciales, tan zen, sin dejar de tomar cada verso como un punto de partida para la meditación. Pero resulta un placer tan luminoso éste de asistir a cómo nuestro poeta sustituye la obviedad por su personal sentido de lo ritual y lo simbólico... Sí, Cecilia es un libro celebratorio, vitalista a pesar de la dureza, que nos pone en contacto con la parte inicial y soleada de la existencia… La poesía, que empezó siendo un asombro ante el poder palpitante de la vida, al final vuelve a ser lo mismo… Cecilia nos enseña a volar… Y Antonio Gamoneda nos invita a su vez a entender la poesía como un modo de sobrellevar el desconcierto.
Reconozco que entendida así gracias principalmente Gamoneda, la poesía se ha convertido para mí en un generador de empatía y autocomprensión, y también en una escuela, un bastón, un álbum de fotos, un cuaderno de viaje e incluso una especie de exigente juez interior… Cecilia es la conciencia de lo que se queda atrás pero, sobre todo, es un canto a lo que prosigue… Cecilia es la vida entendida como un continuo flujo creativo; un modo obstinado y lúcido de ir retrasando el punto y final en nuestro poema vital… La poesía es el viaje… El poeta se define siempre como un alma errante.
Por eso ahora leo el libro deshilachado titulado Cecilia y me siento feliz de estar vivo y atento. Y sé de nuevo quien soy renovando mi sensación de que estar al lado de la minoría que expresa por escrito la verdad no es mi ubicación sino mi naturaleza. Y, de pronto, paso por encima del existencialismo de algunos de estos versos para llegar a su fondo; a su pulpa repleta de vitalidad. De hecho me he quedado pensando en que una idea que subyace en este libro es la de que con la edad se gana en generosidad. Así al leer estas páginas no dejo de recordar en que yo mismo empecé escribiendo poesía muy pronto como aferrándome así a un ego que sentía fragilísimo, pero este libro hace saber que, con los años, el verdadero poeta se vuelve mucho más generoso en su forma de mirar la vida, y adquiere más flexibilidad en su modo de percibir lo humano.
Por eso incluso hay cierto elogio de la libertad y del ímpetu en como el poeta describe cierto rechazo de Celia. Ese admirable elogio, ese prisma positivo, hace de este libro una academia de aprender a vivir a la que yo me apunto.
-Toma, come un hijo.
Y él responde:
-No, son malos para mi salud…
Como iluminadamente ha dejado dicho Oshu, gran maestro de la meditación zen, a quienes ahondamos en él pretendiendo así elevar nuestro personal nivel de conciencia ese koan nos enseña que el condenado sabe que va a morir pero aún así se preocupa por su salud, sí, pues cuanto más cerca está uno de la muerte más se sitúa en el Aquí y el Ahora. ¿Cuál es tu Aquí y tu Ahora?
Acabo de releer lentamente en estos días el poemario Cecilia, obra definitiva de mi maestro zen Antonio Gamoneda, y sus versos me han parecido eso: un modo de situarse obstinada y densamente en el Aquí y el Ahora… Leer poesía nos desmasifica… Nuestro poeta ha escrito un libro como quien funda una ciudad a la que regresar.
Se necesita haber recorrido un camino solitario y especial para escribir un libro tan crudo y vitalista al mismo tiempo. Y se require un gran aprecio por las aventuras emocionales para leer estos versos tan esenciales, tan zen, sin dejar de tomar cada verso como un punto de partida para la meditación. Pero resulta un placer tan luminoso éste de asistir a cómo nuestro poeta sustituye la obviedad por su personal sentido de lo ritual y lo simbólico... Sí, Cecilia es un libro celebratorio, vitalista a pesar de la dureza, que nos pone en contacto con la parte inicial y soleada de la existencia… La poesía, que empezó siendo un asombro ante el poder palpitante de la vida, al final vuelve a ser lo mismo… Cecilia nos enseña a volar… Y Antonio Gamoneda nos invita a su vez a entender la poesía como un modo de sobrellevar el desconcierto.
Reconozco que entendida así gracias principalmente Gamoneda, la poesía se ha convertido para mí en un generador de empatía y autocomprensión, y también en una escuela, un bastón, un álbum de fotos, un cuaderno de viaje e incluso una especie de exigente juez interior… Cecilia es la conciencia de lo que se queda atrás pero, sobre todo, es un canto a lo que prosigue… Cecilia es la vida entendida como un continuo flujo creativo; un modo obstinado y lúcido de ir retrasando el punto y final en nuestro poema vital… La poesía es el viaje… El poeta se define siempre como un alma errante.
Por eso ahora leo el libro deshilachado titulado Cecilia y me siento feliz de estar vivo y atento. Y sé de nuevo quien soy renovando mi sensación de que estar al lado de la minoría que expresa por escrito la verdad no es mi ubicación sino mi naturaleza. Y, de pronto, paso por encima del existencialismo de algunos de estos versos para llegar a su fondo; a su pulpa repleta de vitalidad. De hecho me he quedado pensando en que una idea que subyace en este libro es la de que con la edad se gana en generosidad. Así al leer estas páginas no dejo de recordar en que yo mismo empecé escribiendo poesía muy pronto como aferrándome así a un ego que sentía fragilísimo, pero este libro hace saber que, con los años, el verdadero poeta se vuelve mucho más generoso en su forma de mirar la vida, y adquiere más flexibilidad en su modo de percibir lo humano.
Por eso incluso hay cierto elogio de la libertad y del ímpetu en como el poeta describe cierto rechazo de Celia. Ese admirable elogio, ese prisma positivo, hace de este libro una academia de aprender a vivir a la que yo me apunto.
Labels: poesía
