« Home | La memoria según Juan Gelman » | La pasión según Vázquez Mourelo » | ROJO » | Entrevista sobre mi novela LA MUJER DE NADIE » | El lirismo delirante de Gustavo Vega » | Chencho, dile a la muerte que la odio » | Gaspar Moisés Gómez, el hombre que vio por vez pri... » | Canciones de amor en Villalobar´s Club » | El jazz: swing » | El jazz: ragtime y blues »

VISTA CANSADA de Luis García Montero

Hace algunos años, dos creo, Luis García Montero me ofreció la oportunidad de cenar con el poeta Ángel González en un restaurante tan próximo a su casa que se diría una prolongación de la misma. Dudé. Sé que suena raro pero me asustó de pronto la idea de compartir mesa, vino y elucubraciones con un hombre al que quería realmente sin que él tuviera ni la menor idea; había algo ilegítimo en ello… Pero ciertamente “nunca es tiempo perdido/ discutir con los sumos sacerdotes/ la existencia de Dios./ Se aprenden cosas de los hombres”.
Aquella noche, para mí, tuvo algo de intercambio de amor por la vida. “Buenas noches, Madrid, otro whisky con hielo…/ Brindemos por la luz rota de las estrellas/ que hace guardia en las casas a través de los sueños”… Hay pequeñas grandes cosas que suceden para ser recordadas.
Y, como el recuerdo no es algo que hemos perdido sino algo que tenemos, recordé entonces, cuando me enteré por un amigo de la muerte de Ángel González, aquella cena en la que la botella de vino no hacía otra cosa que acabarse. ¡Oh, Ángel! Hay gente que no debería morirse bajo ningún concepto.
Ahora, bajo el cielo de este León nuestro con luz como de alumbrado de posguerra, acabo de leer al aire libre el último libro de poemas de Luis García Montero titulado Vista Cansada (Ed. Visor) y me veo en la obligación de confesar que mi miedo a la gratitud profunda e inexpresada de aquella noche no se refería sólo a Ángel González, sino principalmente al propio Luis.
Y es que, como todo poeta, reconozco un gran número de influencias –las cuales no trato de ocultar sino de merecer- pero todos tenemos un principio o cimiento que con los años se convierte en algo puro, primigenio, que quisiéramos recuperar cuando leemos poesía… Sí, yo aún leo poemas tratando de recuperar un poco de eso que un día me llevó a enamorarme de la poesía, lo cual resulta parecido a dar la vuelta al mundo; a volver al principio… Y es que, después de los clásicos y de Antonio Gamoneda, el primer poeta contemporáneo que leí, me deslumbró y me abrió las puertas de lo que soy ahora fue Luis García Montero –concretamente el Luis García Montero de El Jardín Extranjero y Trisita-. Así me entregué desobedientemente al lenguaje de un poeta de gran imaginación verbal, el cual ponía siempre esa imaginación al servicio de lo real o, como poco, al servicio de lo posible.
Por aquel tiempo empecé a leer compulsivamente; por aquel tiempo aprendí a volar.
¿Pero cómo agradecer a quien, sin él saberlo, nos llevó de la mano al territorio de la inteligencia, la emoción, la pasión y la verdadera ideología? ¿Cómo devolverle un poco de lo mucho que no sabía que me había dado?
Oh, me sentía entonces, en aquel tiempo en el que bebíamos sexos y fumábamos flores, como encerrado en la cáscara de nuez de esta ciudad ensimismada y lenta, sí, y por eso cada nuevo libro que este poeta civil y amante de la claridad publicaba, yo lo entendía como el acto de dar agua y pan a un prisionero con planes de fuga.
Han pasado los años como unos puntos suspensivos. Ahora, ya que me confieso sin complejos apasionado lector de la obra de este proselitista de la inteligencia, me acerco siempre a cada nuevo libro suyo con actitud de alta exigencia constante y lo que él dice en este poemario sobre sus maestros -Machado, Ángel González, Alberti y Gil de Biedma- ahora yo lo digo sobre él, pues “lo peor/ no es perder la memoria /sino que mi pasado /no se acuerde de mí”.
Acaba de publicarse Vista Cansada, un libro que, como la memoria histórica, ayuda tanto a regresar como a aprender a quedarse...
Se lo recomiendo.

Etiquetas:

Enlaces a esta entrada

Crear un vínculo

Lectores