EL LISIADO
Mi mesita tiene forma
de máquina registradora vieja
y sus cajones detestan el orden
como
invitando al melancólico reencuentro con las cosas.
Ha aparecido un álbum
con fotos amarillas de tanto recordarte
y todo
regresa resumido de repente:
el chispazo, el comienzo, el miedo fascinante,
la rebelión de Dios o su revelación,
el desamor, sudor, la piel cosida,
la brújula viciada
de los necesitados,
cierto viaje en carreta a donde todo empieza
y mis ojos de acueducto, el riesgo, el entusiasmo,
ese silencio de quien trata de tomar impulso
o abalanzarse
hacia tus labios, sí, de experta prestamista...
Todo estalló – qué palabras tan bélicas –
la primera vez que te referiste a mí como “un lisiado”
aunque tenías razón;
ahora lo sé.
Cuando los jorobados
nos tumbamos en la hierba para ver las estrellas
en nuestra espalda hay un pedestal.
de máquina registradora vieja
y sus cajones detestan el orden
como
invitando al melancólico reencuentro con las cosas.
Ha aparecido un álbum
con fotos amarillas de tanto recordarte
y todo
regresa resumido de repente:
el chispazo, el comienzo, el miedo fascinante,
la rebelión de Dios o su revelación,
el desamor, sudor, la piel cosida,
la brújula viciada
de los necesitados,
cierto viaje en carreta a donde todo empieza
y mis ojos de acueducto, el riesgo, el entusiasmo,
ese silencio de quien trata de tomar impulso
o abalanzarse
hacia tus labios, sí, de experta prestamista...
Todo estalló – qué palabras tan bélicas –
la primera vez que te referiste a mí como “un lisiado”
aunque tenías razón;
ahora lo sé.
Cuando los jorobados
nos tumbamos en la hierba para ver las estrellas
en nuestra espalda hay un pedestal.

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Anónimo |
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