sábado 2 de febrero de 2008

EL LISIADO

Mi mesita tiene forma
de máquina registradora vieja
y sus cajones detestan el orden
como
invitando al melancólico reencuentro con las cosas.

Ha aparecido un álbum
con fotos amarillas de tanto recordarte
y todo
regresa resumido de repente:
el chispazo, el comienzo, el miedo fascinante,
la rebelión de Dios o su revelación,
el desamor, sudor, la piel cosida,
la brújula viciada
de los necesitados,
cierto viaje en carreta a donde todo empieza
y mis ojos de acueducto, el riesgo, el entusiasmo,
ese silencio de quien trata de tomar impulso
o abalanzarse
hacia tus labios, sí, de experta prestamista...

Todo estalló – qué palabras tan bélicas –
la primera vez que te referiste a mí como “un lisiado”
aunque tenías razón;
ahora lo sé.

Cuando los jorobados
nos tumbamos en la hierba para ver las estrellas
en nuestra espalda hay un pedestal.

3 comentarios:

  1. Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
    ResponderSuprimir
  2. Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
    ResponderSuprimir
  3. Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
    ResponderSuprimir

Déjame un comentario