jueves 10 de enero de 2008

Femenino y prural

Socorro Suárez, Ángeles Caso, Nativel Preciado, Elena Santiago, Natalia Álvarez… Un año más ya está aquí el ciclo de conferencias Femenino y Plural ahondando en el legado de algunas mujeres de la Historia pero, si leemos entre líneas, deduciremos que esas ponencias no están enfocadas sólo para las mujeres de hoy sino también para los hombres -por eso se nos antoja un error que no haya conferenciantes masculinos en el programa-.
Ciertamente cada vez son más necesarios este tipo de ciclos universitarios habida cuenta por ejemplo de la cifra de mujeres asesinadas este año por sus “compañeros sentimentales”. Es preciso acudir a las raíces culturales de este drama social, pues el machismo que deriva en lo criminal es una catástrofe social, sí, pero también cultural.
“Ese hombre feroz que equivoca los goces” escribió al respecto el poeta sirio Adonis. “Quien sólo puede aspirar a ser el jefe de las víctimas”, lo denomina José Antonio Marina... Y es que ciertamente hay en el machismo, en esa evidente debilidad etiquetada con el apelativo de macho ibérico por ejemplo, cierta propensión a la mala salud psicológica y por tanto una más o menos disimulada inclinación del lado de la infelicidad.
Todo demuestra ya que ha fracasado ese modelo. Por eso hemos de ser conscientes de que necesitamos evolucionar hacia una nueva masculinidad no sólo por el bien de las mujeres sino también por el de los hombres.
Necesitamos un nuevo modelo de hombre menos cuarteleramente contundente; un hombre más real. Un hombre menos influido por la épica y el cine que no se sienta obligado a ser más, a ser héroe. Un hombre que pueda y sepa mostrar también sus debilidades para enfrentarse así a ellas. Un hombre liberado de la tiranía de su anquilosado rol histórico.
Anaïs Nin, siempre con su avanzada finura psicológica, en los escritos de la última parte de su vida lo expresó así: “necesitamos un nuevo modelo de hombre que armonice con el nuevo modelo de mujer… Ya existen parejas que encajan en esta posible descripción, pero no son mayoría… Cada uno de los dos trabaja en lo que sabe hacer mejor y comparten las tareas sin importunarse; sin la necesidad de crear papeles y establecer límites…”.
Sí, las grandes mujeres de la Historia nos enseñan principalmente que necesitamos un más actual modelo masculino. Un hombre en cuya cabeza no perviva la obstinada dicotomía hombre/mujer, sino que perciba que interiormente todos tenemos un lado femenino y uno masculino. Un hombre que viva sabiendo que ni la fuerza ni la debilidad son cualidades fijas. Un hombre consciente de que él tiene sus días fuertes y sus días débiles, como ella tiene sus días fuetes y débiles. Un hombre que crea en la flexibilidad y la relatividad.
La siempre interesante psicóloga americana Shere Hite lo expresa así: “El hombre nuevo presta su ayuda pues también él está dispuesto a cambiar la rigidez por la flexibilidad, el hermetismo por la franqueza, los papeles incómodos por la comodidad de no tener que representar ningún papel. La empatía que el hombre nuevo muestra para con la mujer nace de la aceptación de su propio modo emocional, intuitivo, sensible y humanístico de enfocar las relaciones. Ellos se permiten llorar, mostrar su vulnerabilidad, oponer sus fantasías y compartir su yo más íntimo”.
Sí, necesitamos un nuevo modelo de hombre más allá del que nos muestra el cine de acción y los estadios de fútbol para un mayor grado de felicidad doméstica que es la base, en mi opinión, de la felicidad.
Además un nuevo modelo de hombre, como digo, no va sólo en beneficio de las mujeres sino también de nosotros pues nos libera por fin de la necesidad de aparentar que somos imprescindibles, dominadores, sólidas rocas capaces de hacer frente sin erosionarnos al mar embravecido.
Necesitamos una nueva masculinidad que nos permita asumir sin complejos que en todos nosotros hay, en el fondo, un hombre de cristal.

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