Machu Pichu
EL AMANECER VISTO DESDE MACHU PICHU GENERÓ EN MÍ CIERTA LLEVADERA METAFÍSICA EN ALGO SEMEJANTE A CUANDO OBSERVO UNO DE ESOS SEPULCROS QUE PARECEN DORMITORIOS
El cielo tenía algo plateado y prehistórico
en la cima exigente del sagrado Machu Pichu
-una piedra esculpida por antiguos hombres libres
nos invitó a sentarnos a leer a Neruda
ante el recién nacido sol semejante a un aura
y mirar tu sonrisa fue unificar mi yo-.
La paz, en ese instante elevado y respirable,
se volvió compatible con mirar allí abajo
deseando con envidia ser un cóndor andino
y volar sin fronteras geopolíticas
también
-como una niña indígena despertaste sonriendo
tras soñar con correr sola por la planicie
y el sabor a pepitas de kiwi de mis labios
de pronto
te presagió algo eterno-…
La luz creí que era el alma de aquella vista aérea.
Sí, los rayos incipientes de sutil realidad
sobre nuestras cabezas
parecían una especie de sombrero religioso
al tiempo que la belleza nos calaba hasta los huesos.
Te lo dije
igual que quien verbaliza con cuidado lo evidente
/para que no se rompa,
y la amplitud del mundo reflejado en tus ojos
invitó a celebrar la llegada del día
con la fruición de un sueño
repleto de fuego y significados:
Machu Pichu es filosófica, lírica e incluso mística
como toda ciudad
sin tejados.
Allí, creyendo
que el sol bendice la hora de placenta del comienzo,
tuvimos nuestro primer aviso,
casi un bautismo de sangre:
buena cuenta del éxito, del poder, de la vida
y del amor eterno
da
asomarse a las ruinas de un imperio.
El cielo tenía algo plateado y prehistórico
en la cima exigente del sagrado Machu Pichu
-una piedra esculpida por antiguos hombres libres
nos invitó a sentarnos a leer a Neruda
ante el recién nacido sol semejante a un aura
y mirar tu sonrisa fue unificar mi yo-.
La paz, en ese instante elevado y respirable,
se volvió compatible con mirar allí abajo
deseando con envidia ser un cóndor andino
y volar sin fronteras geopolíticas
también
-como una niña indígena despertaste sonriendo
tras soñar con correr sola por la planicie
y el sabor a pepitas de kiwi de mis labios
de pronto
te presagió algo eterno-…
La luz creí que era el alma de aquella vista aérea.
Sí, los rayos incipientes de sutil realidad
sobre nuestras cabezas
parecían una especie de sombrero religioso
al tiempo que la belleza nos calaba hasta los huesos.
Te lo dije
igual que quien verbaliza con cuidado lo evidente
/para que no se rompa,
y la amplitud del mundo reflejado en tus ojos
invitó a celebrar la llegada del día
con la fruición de un sueño
repleto de fuego y significados:
Machu Pichu es filosófica, lírica e incluso mística
como toda ciudad
sin tejados.
Allí, creyendo
que el sol bendice la hora de placenta del comienzo,
tuvimos nuestro primer aviso,
casi un bautismo de sangre:
buena cuenta del éxito, del poder, de la vida
y del amor eterno
da
asomarse a las ruinas de un imperio.
Labels: machu picchu, pablo neruda, perú
