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La campaña electoral y la ciencia ficción

Es como esos decorados que pretenden ser China y sólo engañan a los que no han estado nunca en China… Y es que debería haber psicólogos especializados en tratar el síndrome de campaña electoral de los candidatos: psicólogos que curen a nuestros políticos su repentina sobredosis de ciencia ficción. Lo digo porque, imbuidos de ese síndrome de campaña electoral –el cual produce en ellos una especie de miedo al silencio- los políticos, durante la campaña de busca y captura del voto, crean con sus discursos tres mundos paralelos –esquizofrenia al cubo- con el único objetivo de que ni recordemos el pasado ni imaginemos el futuro y así votemos según lo que más convenga a su supervivencia… Vivimos un momento decisivo… Sí, siempre es ahora o nunca.
Quienes mandan dicen que la botella está medio llena, que todo va bien, que vivimos en el paraíso posible y que todas las grietas se tapan con promesas. Quienes aspiran a mandar dicen que la botella está medio vacía, que esto es el infierno en invierno y necesitamos un cambio drástico y un saneamiento general. Pero, quienes aspiran a pactar, dicen que esté como esté la botella quien beba beberá con ellos, que todo dependerá de ellos, y que sabrán cambiar de programa y de planteamiento según con quien se junten para brindar hasta emborracharse. Olé.
Con tanto hablarnos de cómo es y no es el mundo uno ya no sabe ni dónde está el mundo. Eso, con tanta ciencia ficción uno ya no sabe muy bien dónde vive ni qué bebe y escucha a los políticos como quien lee novelas fantásticas que siempre tienen algo de real pero que no son la realidad y sólo engañan a quienes se quieren dejar engañar. Efectivamente, el mundo que describen los políticos es como esos decorados que pretenden ser China y sólo engañan a los que no han estado nunca en China.
Pero aquí estamos nosotros en medio de todo esto observando la papeleta electoral que nos acaban de enviar por correo a casa como quienes miran fijamente su entrada para el circo. Fieras. Domadores. Equilibristas. Payasos y contorsionistas. Yo fui de este Partido pero ahora soy de este otro. Es el gran espectáculo del mundo donde todo el mundo cuenta la vida a su manera igual que esos cuentistas leoneses que, desde Madrid, están imprimiendo al surrealismo una gran dosis de naturalidad. Y es que lo que dicen los políticos en campaña electoral tiene algo de poesía surrealista que no dice lo que dice, que hay que leer entre líneas, que hay que entender no de forma lógica sino de modo emocional.
Se acercan unas nuevas elecciones que son las mismas de siempre repetidas y todos tenemos la vaga esperanza de que no pase lo mismo que otras veces para tener un poco de sorpresa en nuestras vidas pero bueno, lo que sea se verá.
Ya trabajan los psicólogos en la campaña electoral diseñando métodos de persuasión de masas pero debieran aplicarse también en la tarea de hacer terapia a los candidatos pues, tras dos semanas de sobredosis de ciencia ficción, quedan en su mayoría incapacitados para la realidad. No es culpa de ellos, claro, es la campaña pero acaso con terapia conductista puedan superar sus alucinaciones acústicas, sus manías persecutorias y sus paranoias para volver a hablar el lenguaje normal y corriente de todos nosotros, el de los mortales de a pie, al pan pan, al vino vino, pues no hay quien reconozca el mundo que dibujan con palabras en sus mítines… ¿De qué estadísticas nos hablan? ¿De qué encuestas? ¿Qué presente y futuro? Sí, es como esos decorados que pretenden ser China y decididamente sólo engañan a quienes no han estado nunca en China.

Luis, me parece que nuestros políticos, más que poesía surrealista, lo que nos ofrecen es teatro del absurdo.
Y es que los chinos, en materia electoral, somos nosotros: listos para que nos engañen.
Por cierto, ¿quiénes son esos cuentistas leoneses?

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