Parábola de la abuela teóloga
La abuela Casia tiene su propia teología.
Me refiero a que, desde que enviudó, piensa en el abuelo con añoranza evidente mientras permanece aparentemente atenta a la pantalla del televisor y, aunque éste pierda la señal, ella continúa de todos modos mirando con los ojos abiertos. Así, con cara de interés pero en realidad perdida dentro de sí misma. Entonces yo, fastidiado por la interrupción, cojo el mando a distancia, y cambio de canal sin conseguir que la imagen se restablezca, y me levanto, y golpeo con la palma de la mano ese electrodoméstico como reprendiéndole. Y en ese momento, con voz de recién regresada, la abuela me dice:
-¿No ves que es de allá?
Claro, la abuela Casia sabe que existe un más allá -el mundo de los muertos- y desde allí a veces los difuntos se comunican con nosotros.
Por eso se pasa las horas mirando la televisión y pensando en el abuelo.
La abuela Casia tiene su propia teología.
Me refiero a que, desde que enviudó, piensa en el abuelo con añoranza evidente mientras permanece aparentemente atenta a la pantalla del televisor y, aunque éste pierda la señal, ella continúa de todos modos mirando con los ojos abiertos. Así, con cara de interés pero en realidad perdida dentro de sí misma. Entonces yo, fastidiado por la interrupción, cojo el mando a distancia, y cambio de canal sin conseguir que la imagen se restablezca, y me levanto, y golpeo con la palma de la mano ese electrodoméstico como reprendiéndole. Y en ese momento, con voz de recién regresada, la abuela me dice:
-¿No ves que es de allá?
Claro, la abuela Casia sabe que existe un más allá -el mundo de los muertos- y desde allí a veces los difuntos se comunican con nosotros.
Por eso se pasa las horas mirando la televisión y pensando en el abuelo.
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