viernes 8 de diciembre de 2006

cuento casi fantástico 6

Extraterrestra

Estaba recostado en el porche de mi casa reflexionando sobre la esencia metafísica de los garbanzos con tocino y callos cuando, ante mí, divisé de pronto un ovni. Lo malo de estos hallazgos prodigiosos es que han de ser secretos si uno quiere seguir siendo considerado cuerdo, pero en tal caso no sirven para presumir. Yo había visto un ovni del mismo modo que aquellos tres pastores lusitanos se les apareció la Virgen de Fátima, y decidí que aquello fuera un secreto valioso e inconfesable, algo así como una muñeca hinchable o un pasadizo secreto desde la carbonera al almacén de dinero del Banco. Sí, el ovni descendió en zigzag mientras yo lo observaba asombrado, aterrizó en el césped de mi jardín, se abrió en aquel enorme y extraño objeto una puerta, de esa puerta brotó algo parecido a una escalera mecánica hasta el suelo y apareciste, cariño.

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