jueves 15 de abril de 2010

EL OFICINISTA de Guillermo Saccomanno

¡Seguimos vivos si no hemos perdido la capacidad de fascinarnos!
En este sentido, y en lo que a novela se refiere, qué duda cabe de que el Premio Biblioteca Breve es uno de los más importantes que se conceden en este país. Sin embargo estamos cada vez más acostumbrados a que los premios literarios de alto copete no descubran a un autor sino que lo confirmen, y por eso bien puede calificarse de acontecimiento la concesión del Premio Biblioteca Breve 2010 a la obra de un autor argentino inédito en España: Guillermo Saccomanno (Buenos Aires, 1948).
La novela en cuestión se titula El oficinista, la acaba de editar Seix Barral, y dibuja con prosa virtuosa, minuciosa y vívida un ámbito urbano claustrofóbico como marco para una historia de amor turbio. Sin embargo tan importante como lo que se cuenta con estilo minimalista en estas páginas es lo que el narrador nos invita intuir, y tan sustancioso como el anecdotario resulta la excelentemente construida atmósfera. Una atmósfera, por cierto, que inicialmente parece decorado fabricado a partir de elementos procedentes del surrealismo neurótico de Kakfa y la anticipación científica delirante de Philip K. Dick, pero que pronto se nos antoja ámbito original.
En verdad la ciudad desasosegante y opresiva con helicópteros que vigilan desde el aire, alambradas, mendigos justicieros, ordas de adolescentes drogadictos, gendarmes, ataques terroristas y perros clónicos en la que sucede esta historia es una forma brillante que Saccomanno tiene de apuntar políticamente con el dedo al ayer, al hoy y al mañana… No es el realismo partidista sino la imaginación alegórica la literatura concienciada que hoy, en mi opinión, necesitamos… El espacio perturbador en el que sucede El oficinista convierte esta novela en lo que los aficionados a la ciencia ficción llamamos distopía (palabra preciosa que debiera entrar pronto en el Diccionario de la Real Academia).
La distopía, en oposición a la Utopía (lugar ideal) de Tomás Moro, es un espacio social sin reglas fijas cercano al esperpento que arremete contra el yo. Y, como nos enseñan los autores clásicos que tan buenas novelas distópicas nos han regalado como Ballard, Robert A. Heinlein o el propio Philip K. Dick, lo contrario del idealismo no es el egoísmo sino la ambigüedad moral, que es lo que permite sobrevivir improvisando.
Sí, en este paisaje urbanamente intimidante trascurre la vida del oficinista, asalariado que pospone con frecuencia su salida laboral para no tener que volver a su sórdido hogar donde le espera una mujer adiposa y vampírica, unos hijos a los que casi desconoce, y una vida de exigencias, desventuras y falsas apariencias. En una ocasión, ya fuera de hora, se encuentra en la oficina con la secretaria del jefe, la acompaña a casa a través de ese caos metropolitano, y surge entonces entre ambos una relación que para ella es ejercicio físico, pero a la que el oficinista se agarrará como si fuera una tabla de naufrago. Este personaje alcanzará así la redención mediante esa secretaria, que a su vez es amante de su jefe, cambiará unas preocupaciones por otras, modificará la perspectiva de todo, se convertirá en otra persona y nos recordará luminosamente que el amor es un riesgo que siempre merece la pena que corramos… Pero, bien lo verán al final, esto no es una novela romántica.
La ambientación perturbadora confiere a la trama amorosa cariz casi de milagro –acaso no sea otra cosa el amor en este mundo, y no digamos en el infernal negativo fotográfico de Buenos Aires en el que sucede todo esto-.
El lenguaje de El oficinista –frases cortas, aforísticas, precisas como de neurocirujano psíquico- está emparentado con el clasicismo centroeuropeo y con el ruso; los personajes, descritos abocetadamente pero aún así con entidad total, no sólo son creíbles sino además paradigmáticos, la gradación de la intriga está lograda magistralmente mediante la dosificación de información, el tema es poderoso y lacerante y el autor, mediante un saber narrativo fuera de lo común, consigue hacerte sonreír, o pensar, o temblar, o vivir cada vez que se lo propone.
Esta novela y este autor son un descubrimiento perdurable.

viernes 19 de marzo de 2010

HISTORIAS DEL OTRO LADO de José María Merino

José María Merino lleva años incidiendo en una literatura que no sea sólo el correlato de la vida –para eso ya están los notarios- sino que lo sea también y sobretodo de los sueños, los prodigios y los misterios invisibles; de la otra vida. Por eso se nos antoja tan pertinente el título del último libro suyo que acaba de publicar la Editorial Alfaguara: Historias del otro lugar.
Se trata de de la agrupación de todos sus cuentos publicados con vocación de unidad desde el año 1982 al año 2004, los cuales en conjunto conforman ya un mundo matizado, perturbador, magnético, raro, alocadamente divertido a veces, e iluminador siempre.
Poco mejor se puede añadir al repaso por su contexto inicial, sus intereses creativos, influencias y primeras lecturas que el propio autor realizó en el prólogo a Cincuenta cuentos y una fábula, y que aquí se incluye también. En él se habla del León de su infancia como germen de su literatura, y se reflexiona sobre esta cuidad en la que no pasaba ni pasa en realidad casi nada, aunque todo cobra vigor y trascendencia y dinamismo y credibilidad cuando se relata. Asimismo señala como parte de su formación, además de la oralidad leonesa, tanto la alta literatura como el llamado subgénero, el cine, los tebeos, el cine de serie b, el terror y la ciencia ficción.
Dentro de los cinco apartados en que se subdivide este libro de libros el primero, “Cuentos del reino secreto”, acaso sea la parte más romántica en el sentido literario del término –por eso en estos cuentos aparece un León como contexto folklórico y mistérico, y los argumentos giran en torno a dos temas: la metamorfosis y el doble-; “El viajero perdido” es el momento en el que se inician explícitamente las preocupaciones nmetanarrativas –el tema que subyace aquí es la relación entre la realidad, la memoria y su relato, y acaso por eso, aunque todos están unidos, se unen más evidentemente dos cuentos: Las palabras del mundo y Del Libro de Naufragios-; luego “Cuentos del valle del refugio” es un canto a la “evasión”, a la imaginación desatada, y los argumentos acaso más librescos que nunca suceden en Madrid, están ya repletos de homenajes literarios y destaca el tema de las apariciones y desapariciones, el horror, y el tema de la invisibilidad; “Cinco cuentos y una fábula” se encuentra aún más imbuido de ese espíritu transgresor de la realidad aunque no de su sentido –espíritu fantástico que en occidente arranca con el libro bíblico de Daniel y el Apocalipsis, y, a través del psicoanálisis, el surrealismo, y las vanguardias, llega hasta nosotros-; en Cuentos de los días raros aparecen luego historias muy ingeniosas como “Mundo Baldería” donde la aburrida realidad empresarial y la fantasía onírica se funden y complementan tal vez para demostrarnos que, sin duda, existe el más allá. Otro cuento bastante raro de este libro es ése en la que el Profesor Souto, personaje recurrente en la narrativa breve de Merino y acaso alter ego del autor, comete un adulterio tecnológico. ¿Y qué es eso de un adulterio tecnológico? Pues para conocer la respuesta han de leer el profético y divertido cuento titulado “Celina y Nelima”… Pero, con todo, mi cuento preferido de esta parte es “El Fumador que Acecha” en el cual reaparece originalmente el tema del doble.
Menos que su personal fantasía se ha estudiado al José María Merino paisajista, que en mi opinión es el que demuestra no tener ninguna hostilidad con el realismo a pesar de lo que parece. En efecto como si de un pintor hiperrealista se tratara, un Félix de la Concha naturalista, la habilidad que este vendedor de sueños posee para describir con minuciosa sensibilidad el paisaje rural y urbano, las hibridaciones de la luz del día, los cambios de estación, las flores y animales y los composiciones del cielo no diré que están a la altura de las exhibiciones de talento de la naturaleza, pero sí son su correlato…
Por eso me sumo a quienes piensan que Merino es hoy el mejor autor vivo de cuentos en castellano, pero no sólo por la enciclopédica imaginación de que hacen gala sus argumentos, sino también por su virtuoso y emocionante minimalismo descriptivo. Digo.

viernes 12 de marzo de 2010

Delibes blues

Literatura sobria y creíble que rezuma solidez, honestidad; novelas de receta clásica, con atmósfera, con enorme dignidad...
Miguel Delibes –en La sombra del ciprés es alargada, Las ratas, Los santos inocentes, El diputado voto del señor Cayo…- escribió impagablemente sobre la soledad de ese territorio vasto y deshabitado que es Castilla, que es el mundo, acaso tratando así de no morir igual que sus personajes.
Hoy culminó su hazaña principalmente vital: lo consiguió, falleció rodeado de su familia, su gran apuesta, y con gran reconocimiento como si de verdad aquí la vejez volviera a ser considerada como esa etapa en la que los seres humanos se desprenden de lo superfluo y recogen lo bueno sembrado…
Hombre de profundas lealtades, igual que Daniel el Mochuelo –protagonista de El camino- Delibes fue alguien que descubrió cual era su camino y luego transitó por ahí coherentemente siendo fiel a una mujer (doña Ángeles), a una ciudad (Valladolid), y a una editorial (Destino).
En efecto Miguel Delibes poseía esa lealtad inquebrantable no de quien no evoluciona, sino la de quien lo tiene claro.
Mis novelas favoritas de este autor ya clásico son La hoja roja –que describe sin concesiones la soledad de Eloy, un fotógrafo viudo jubilado casi de este mundo que, en el momento más gris de su vida, toma contacto con Desi, una muchacha de pueblo que se dedica a servir y que aspira en el fondo al prestigio de lo urbano sin saber que así está aspirando a esa misma soledad-, y El hereje –novela ambientada en el Valladolid de la época de Carlos V y que narra con prolija documentación las peripecias vitales y espirituales de Cipriano Salcedo, un reformista en tiempos de fanatismo-. Ambas son ya textos representativos de dos etapas distintas del autor y resumen de buen modo el quehacer literario de un hombre que supo ver en la tradición el cimiento y la dirección, aunque no renunció a cierto experimentalismo principalmente en dos novelas: Cinco horas con Mario y Parábola del naufrago.
Pero, sin embargo, he leído varias veces otra obra que se ha erigido en referente de mi corazón, y que siempre me conmueve. Señora de rojo sobre fondo gris es una novela que Delibes escribió tras elaborar el duelo de la muerte de su esposa, y bien se nota. Aunque el protagonista es un pintor famoso que narra la biografía emocional de su mujer fallecida a una de sus hijas, uno nunca deja de ver al propio autor tras ese protagonista conformando un conmovedor homenaje narrativo a su propia mujer. El tono tierno, fluido y reciamente lírico está muy logrado en esas páginas y, en mi opinión, hace gala asimismo de una humanidad apabullante.
Su universo narrativo previsible y sin embargo inquietante al principio, iluminador siempre, ha sido creado con una prosa directa y sin rehuir nunca la aspereza climática que muchas veces tiene el mundo, y su vocación es la de permanecer para siempre en el catálogo de lo selecto.
Ha muerto Miguel Delibes…
Nos estamos descapitalizando.

miércoles 3 de marzo de 2010

sábado 20 de febrero de 2010

Un hombre soltero (A single man)

Hay quienes pasan juntos por todo durante toda la vida… ¡Me fascina ese misterio y lo quiero para mí!
Ambientada en Los Ángeles en los años 60, concretamente durante la crisis de los misiles cubanos y la amenaza de que una guerra atómica fulminara el mundo, esta conmovedora película es cine que te sirve de refugio, que te alienta, que te toca, que vuelve a ponerte de acuerdo con el arte del depauperado hoy… Cine que regala sensaciones tan portentosas que se diría que proceden del reino de los clásicos.
Se trata de lo primero que dirige Tom Ford, y ya sorprende por su buen gusto visual, por su sobriedad a la hora de sugerir y por como ha sabido sacar la esencia de la mejor novela de Christopher Isherwood –mi admirado Isherwood que formó parte del grupo de escritores del Oxford de los años 30, que fue amigo de ese otro genio, el poeta W. H. Auden, antes de nacionalizarse estadounidense, y cuya obra narrativa fue traducida en España por Jaime Gil de Biedma-… Tom Ford entra en el cine por la puerta grande consiguiendo una muy digna confluencia de talentos.
Un hombre soltero es la historia de George, un profesor universitario británico recién adentrado en la madurez que lucha por encontrarle sentido a su vida tras la muerte de Jim, su compañero sentimental. George está estancado y no consigue ver su futuro mientras lo seguimos a lo largo de un único día, en el cual una serie de encuentros lo llevan a tener que decidir si la vida tiene sentido después de Jim. Al poco recibe consuelo de su amiga más íntima, Charley, una belleza venida a menos por el alcohol y años de hombres injustos, la cual también libra su propia batalla contra el futuro (ambos meditan si volver al puritano Londres o quedarse en la atmósfera prebélica de USA).
Un joven estudiante que está intentando aceptar su auténtica naturaleza, embriagado entre otras cosas por su forma de dar clase, acecha a George porque ve en él a un espíritu afín. Un seductor español que se diría la reencarnación de James Dean se encuentra decisivamente con nuestro protagonista en un aparcamiento que parece el aparcamiento de una vida –¿eso son las conversaciones importantes con desconocidos?-… Pero nada parece ayudarle a dejar atrás el duelo, sino sólo le afirma en su esencia y en la envidiable consistencia de su amor.
Dotada esta historia del poder de sugerencia de quien sabe que el secreto de aburrir está en contarlo todo, asistimos como eco de fondo a la moral restrictiva del país y la época, a la incomprensión que genera la libertad, y a la improvisación ideológica de la que hacen gala muchos personajes. Hay momentos en los que la película puede parecer confusa por su fragmentaria discontinuidad, pero la mayoría del tiempo sabes que estás ante un argumento concebido por un maestro que crea atmósferas con un estilo poderoso y una sensibilidad exquisita…
Porque ilumina y perturba, ahora me quedo con el encuentro en un bar entre profesor y alumno.
En la novela Isherwood describe al muchacho así: “Sólo dios podría quererte por ti mismo y no por tu pelo rubio.”.

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miércoles 3 de febrero de 2010

BILBAO-NUEVA YORK-BILBAO de Kirmen Uribe

Toca un nervio del alma. Habla de lo de siempre sin ser convencional. Conserva la vibración de lo que es más humano que literario…
La teoría de la literatura denomina autoficción al proceso resultante del escritor que narra con detalle su pasado sin renunciar a que el fenómeno autobiográfico invada el terreno de la imaginación. Tomando elementos que proceden del género del diario e incluso de la poesía confesional, la expansión del fenómeno narrativo autobiográfico ha dado lugar a novelas de casuística muy variada que incorporan con frecuencia innovaciones técnicas notables, y cuyo intimismo universalizado impacta en el lector que no es de piedra.
Precisamente al marco de la autoficción se circunscribe sin ataduras la primera novela de Kirmen Uribe Bilbao-Nueva York- Bilbao (acaba de publicarla Seix-Barral y es el Premio Nacional de novela de este año).
Utilizando como pretexto argumental un viaje iniciático del propio autor con el itinerario que marca el título –en paralelo a otro viaje que se nos cuenta simultáneamente en segundo grado de ficción-, ésta es la historia de cómo se forja la memoria de un hijo heredero de una estirpe de pescadores. Y es la historia de un mural pintado por un artista que antepuso la familia al éxito. Y es la historia de un arquitecto dotado con un refinado sentido de la amistad. Y la historia de un abuelo cuyo apabullante sentido común le convertía en un sabio emocional, y cuya esforzada vida de anecdotario penetrante sigue significando algo tras su muerte… La historia, en suma, de una localidad –Ondarroa- y una familia que en estas páginas reciben un conmovedor homenaje conjunto. ¡He aquí un relato que no suplanta a la vida porque relatar forma parte de ella!
La prosa directa y metafórica es un rico fluir de la conciencia y la memoria y, atendiendo al por algunos momentos reiterado manejo de vocabulario, se intuye que gana mucho en su euskera original. La forma de enlazar pasado y presente resulta habilidosa. La estructura narrativa discontinua, que remite al posmodernismo, se corresponde con lo que Linda Hutcheon denomina novela-pastiche –de hecho integra todo tipo de materiales, letreros, esquemas, cartas, e-mails, páginas de diario, sin que nada resulte forzado- y el mundo realista general no renuncia a la rebeldía de lo imaginativo al construir alegorías de impactante universalidad. Pero, en mi opinión, por encima de todo, lo que mueve, esparce y desordena el corazón del lector hasta dejarle tocado es ese tono entregado a la causa de la ternura… Un triunfo de la humanidad es el tono de esta novela.
El narrador, en un acto de singular honestidad, nos hace a un tiempo partícipes del argumento, del proceso de investigación para completar ese argumento, de sus influencias narrativas –al nombrar a Unamuno, Carson McCullers y Silvia Plath por ejemplo-, de las opiniones que va recibiendo sobre lo que escribe y hasta de sus sentimientos para con el modo de contar lo que cuenta: todo conformando así un canto narrativo al apego, a las raíces y a las esencias que nos vinculan con lo fundamental.
Vivimos en una época dispersa en la que el yo tiende a disgregarse; a diluirse en el impulso globalizador que nos dirige vertiginosamente y a ciegas: por eso cada vez es más necesaria la literatura que nos devuelve al primigenio terreno de lo que somos... ¡He aquí la novela del año!

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viernes 15 de enero de 2010

UNA REVOLUCIÓN PEQUEÑA de Juan Aparicio-Belmonte

Hay quien es capaz de hablarnos sobre el decadente hoy y de avisarnos de la barbarie que se avecina mientras nos hace reír a carcajadas.
Juan Aparicio-Belmonte (Londres, 1971), uno de los más nombrados novelistas de nuestra generación y sin duda el más divertido, escribe como quien sabe que un camarero de bar a hora tranquila es el mejor entrenador de diálogos, y que la vida resulta tan compleja que uno la entiende en mayor grado cuando deja de tomársela en serio.
La carrera de este narrador comenzó con una doblemente premiada novela negra de portentosa estructura con abogados neuróticos, psicoanalistas y sugerentes mujeres detective –se titulaba Mala suerte y nos certificaba que la ironía es una mirada inteligente que ilumina el mundo para hacerlo soportable-. Con posterioridad su universo sutilmente crítico se vio intensificado mediante otra novela en clave de comedia esperpéntica –López López-, ambientada esta vez en el turbio mundo del arte contemporáneo. Gran logro muy reconocido por la crítica supuso su tercera novela de prosa vivaz, atmósfera surrealista y sucesivas situaciones desternillantes –El disparatado círculo de los pájaros borrachos- y ahora, fiel a su virtuosismo irónico, nos propone otra experiencia divertida y mentalmente estimulante mediante su recién publicada Una revolución pequeña (Ed. Lengua de Trapo)…
Madrid actual. Un abogado neurótico con habilidad para relatar sus angustias vitales convirtiéndolas en farsa. Un psicólogo de locura rentable. Una gorda sicópata con un plan de venganza. Una mujer detective embarazada y lasciva. Un catedrático de derecho político de discurso tópico que encarna esas traiciones que conducen al éxito. Un juez cuyo normalizado espíritu corrupto da cuenta de las intermitencias de toda ideología purista… He aquí una radiografía social del hoy urbano construida mediante este elenco de personajes que, cada uno a su modo, parecen tratar de hacernos saber que, en el fondo, no existe el fracaso noble ni el éxito sin sombras.
El arranque ya atrapa al lector: el abogado Esteban, con miedo a los aviones, coincide en un vuelo turbulento al lado de una obesa cariñosa llamada Perversa, la cual trata de calmar sus síntomas mientras le va apretando contra sus enormes pechos sin dejar de cantar horteras canciones de cuna… ¡Y el miedo de Esteban se transforma en una erección!
A partir de ahí el acoso sexual de Perversa, el asesinato de un reputado matrimonio por parte de esta psicópata, la entrada en escena de los alocados padres de ella, la incriminación de Esteban, la doble moral, las utilidades de los amiguismos en el mundo de la justicia, la investigación de Sarita Lagos, preñada y con pistola… Componentes efectivos para una novela negra de prosa cuidada, diálogos en los que abunda la naturalidad y la eficacia, una estratégica estructura de capítulos muy cortos y gran carga de irónico ingenio (así consigue este autor hablarnos con brillantez y sin insistencia sobre la contradicciones de nuestras conductas sociales y la actual degradación de las ideologías).
He aquí una novela que está en plena sintonía con nuestras obsesiones, nuestras manías, nuestros desengaños, nuestras hilarantes insensateces…
No se la pierdan.

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